Suite en Tánger 
El poeta en Tánger 
Todo aquel que estudia poesía
anuda en primer lugar la esquina de su turbante,
solitario y azul en torno a la cabeza.
Lo que dice quiere ser diáfano, en palabras cíclicas
que nunca aclaran el enigma, quizá por culpa de la luz
o de tanta desesperación que aflora en ávido tacto.
 
El signo caritativo del pez o de la flor,
seres escasamente humanos en una línea que no pretende
el arabesco, sí la libertad presente en la escritura.
Las formas se diluyen por las cuestas de la ciudad,
en la pincelada arenosa de muchas de sus calles,
por haber transitado siempre el camino intacto.
Souk-el-Hamra 
Si hubiese creado el mundo abigarrado
y alguien me pidiese cuentas por ello,
lo llevaría a oler la fruta aplastada en el suelo.
Desde el inicio tenía la certeza de que las hormigas
recorrían continuamente mis piernas, decididas,
como luna inmóvil en el recuadro de la plaza.
La mancha verde del gomero, por encima de la puerta,
hundida en la sombra, es testigo de mis visitas,
y el joven que soñaba con el cansancio de sus amantes,
regateando a gritos, como mercadería,
es vendido ante mis ojos en la impiedad de un gesto,
casi pornografía.
Qué alivio que esos aburridos europeos 
hayan dejado de fotografiar la mezquita del viernes.
Metamorfosis de la vida,
así nombro lo que los muros atesoran,
pues una vez conoces el precio de las manzanas en el zoco
y qué dátiles transparentan la luz,
no hay ya modo de olvidar
ni razón para exaltar mayor encantamiento. 
 
El inquilino
(a Paul Bowles) 
Sonaba en la calle una grabación de la cofradía gnaua
en un charco turbulento
y el inquilino se despertó confuso,
con profunda sensación de desamparo.
Paseó la vista por la habitación en penumbra
y advirtió que aún faltaba hasta que le sirvieran
su acostumbrada infusión de especias,
y con el corazón fúnebre de una rosa
me confesó que se durmió vestido.
Le dije que yo también me despertaba
con sabor a arena en la boca
y que nunca había asistido a una ceremonia secreta
de ñáñigos en Cuba. Él sí.
El día había comenzado con signo favorable
y denuevo se escuchó la música en la calle,
un grito de mujer, y las palabras dejaron de contar
para ser dulce deleite del idioma
en el bochorno salobre de la tarde.


Performance Ana Mendieta 
De la ceniza cubana y china
hasta la orilla del mar fugaz,
casi sin tiempo para aprender guiones.
Qué vértigo
sentada en la sala del museo,
la proporción más deseada
se acerca a la altura de los pómulos,
con la cintura afilada de jaspe amarillo.
  
Chinatown 
La falsa camarera de ojos decrecientes
habla por teléfono.
Sacude las rosadas flores
que adornan su peinado
y me elige en un giro de la mano.
La princesa de las uñas blandas
parece agitada,
inquieta embellece la nuca altiva
y oculta hermético mensaje
entre chop-suey y cerdo lo-mein. 
Delancey 
Cuando la cerrada sinagoga
me indica la casa de mi hermano,
mi estirpe es un gigante helado
por generaciones de inviernos de nieve.
Cuando la armonía abandona su eco
en la roja pintura de las migraciones,
los rápidos pasos me llevan hasta esquinas
que son reflejos de Viena,
y mientras, suavemente, mis dedos
dejan de marcar el rumor de la salmodia.

 

 

Rodolfo Häsler