La Sombra del Dragón.
 
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                                                                        Un yo diferente no supone una negación
                                                                        Sino un estado de melancolía. 

                                                            I

El encanto de la grulla
Germinal en su palabra
Inunda de estrellas el costado luminoso
Dotado de anillos en el ojo del dragón.
 
El suave tono oscuro que al viento rehuye
Y retoma su propia sombra
Es el arrullo de la mente, el acertijo,
cóncava adivinanza en terciopelo
que escapa heráldica,
 heroica al deseo animal con ala de cobre o cuervo;
el hechizo, oido ciego,
gota o piedra, pero siempre tinta seca.

 
                                                II
 
Desearía...
Un punto exacto para el olfato de pez
Para el fuego del tomillo hueca la palabra
Desearía...
Una voz de vidrio, indiferente al tacto del miedo
Al recuerdo de la calle y del engaño de la risa
Una magia, la abstinencia de la hoja
agrietada del espejo.
 
                                                III
 
He confiado en el ocaso de la lengua
Ya de sí visión despierta
Sin nombrarla
que no era el fantasma que se agita
En nombre del dragón imaginado
Ahora no hay tiempo para continuar el absurdo
De venas y visceras, de ojos y de huesos. 
  
                                                IV
 
El endecasílabo muere en la misma muerte
Razonada de su invención
En la noche de San Jorge
Y el aullido del río que no tocaremos nunca.
 

                                                V 

El recuerdo viene contigo
Con la presencia de no estar
En el lugar donde no equivocas
No te engañes
la puerta que has abierto con premura
Con delicadeza está cerrándose
Estaba oculta en la brisa, en la alcoba submarina,
En el minuto en que la luna
Encharcada en la ceniza, hecha postillas,
Obligaba a compartir la mesa de la ilusión
Como pan igualmente apasionado.
 
 
                                                VI
 
El abismo abierto de la puerta
De par en par es diferente
Al sueño que obliga al minotauro
A cantar con un corazón encarcelado.
El canto es inocente
Las pupilas del dragón igual que el loto y la rosa
Cierran de Dios
 El cerrojo gélido y mordaz de la tinta. 
 
 
                                                VII
 
La mesa oculta a la indiferencia
El sudor es candado sobre las sábanas
retrato escandaloso del vago pisoteo
sobre la hierba fresca de tus ojos
esto que escribo es el mismo animal arquetípico
que ceñias entre los brazos de hembra enloquecida
de la misma manera
el sonido del arpa es la soledad de la cama
aquí
donde la tierra sangra y el cuerpo adolece de calma
ha llegado otro tiempo
con otros pasos sobre la memoria. 
 
 
                                                VIII
 
¿la tesitura de la carne?
 
Los movimientos del dragón
Tienen la virtud del reflejo
Acude pues
Al convento, al orgullo, al acertijo,
Al desarreglo de lo justo
A la humedad flamígera de los santos.
 
Abre la puerta
Cruza el ámbar ácido así
Frágil de luz
Asciende la cera,
Precisa la dosis de llanto que no cesa.
 
Domina la energía mineral:
No intuyas
Sé grácil al ras de diamante
Sé presa del arqueo ferviente de tu espina
Obliga a la soledad a danzar en el crepúsculo de la pasión. 
 
 
                                                IX
 
Un acto de fé
Sin rostro la soledad quiere tener piel.

                                                X 

¿el canto de la lira es el regazo telúrico
nacído en el fondo de la esfinge?
El movimiento de la arena, la humildad de la presencia,
El enronquecido arbusto de la melancolía.
No tu voz
Sino el canto del dragón.
No escrito
Sino dibujado con sonido en la insistencia barroca de mi verso.
 
¿te ahoga el hábito, el misterio de la virgen,
el doble significado encerrado entre las piedras?
El lirio da respuesta al limo.
 
Duerme tranquila para estallar creando una figura.
 
                                                XI
 
Brújula de raíces –la poesía-
candádo de arrecifes:
El verso
Quemó al líquido
Cegó la imposición del cuerpo. 
 
                                                XII
 
Tomaría el abismo horizontal de tu rodilla
Para aturdir el arqueo encendido del metal
Floreciendo sobre tu boca.
 
Así puedo tomarte:
como selva, como célula,
Hasta que la curva de la geometría
Domine como esfera rotatoria. 
 
Te tomaría para decidir
Que no es necesariamente ser.
 
Así
Tus venas
Y nunca la torpeza simulada del deseo
Tu hambre
Y nunca la obsesión de fiera solitaria
Tu llanto
Y nunca el fingimiento como escudo
Tu poesía
Y nunca el jadeo como amapola
Tu certeza
Tu laberinto
Tu condición liberada como éva
No el encanto del reflejo
Mi fragilidad, mi sombra como enigma de soberbia; 
 
Así
Para ti
La caricia
Que trata de cantar con azoro
La garganta y los anillos del dragón.