Epigramas con Cola 
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Bien sabía que el muchacho le había robado, mientras
El aún dormía. Ya conocía sus debilidades, pero la mañana
Era tibia y luminosa, el aire dejaba olor de limonarias desde
El patio y era tan espléndido el ladrón.
 

En el hermoso vigor de la juventud, Ricardo duerme
Después de haber amado al quinceañero Orlando, que
Insistió anoche para que se pasara a su cama y durmiera
Abrazado con él. Prometió que sólo quería besarlo, pero
Después sucedió todo lo demás, varias veces.
 

Cuando la necesidad barrió su cuarto con él,
Eduardo decidió vender su delicioso cuerpo,
Incluyendo el enorme pene oscuro, sobre el
Que brilla el glande rosado, como una joya.
 

Entre la correntada de gente, empujados por
Sus olas, Claudio y Heriberto se exhiben vestidos
De mujer; han esperado todo un año para alcanzar
Ese placer devoto, en las fiestas del Santo Patrono
De la Ciudad.
 

Va a los bares de la estación a buscar viejos
De mala paga, él, que durante el dia atiende
Una pequeña sacristía y que en la noche con
Su gran pene, desgarra.
Lo fascina esa aparente contradicción sagrada.
 

Apasionadamente las sabanas blancas conservan
Todavía la forma del cuerpo del muchacho que
Lo obligo a morder las almohadas toda la noche. 
 

Claramente sabe que  el cuerpo entero es el que piensa
Y desea los versos erigidos para otros cuerpos amados:
Mientras los escribe, se acaricia recordando al joven Nestor.

 

Debajo de la mesa, en el fondo del bar,
Se buscan las manos. Investigan y solicitan
La presa entre las piernas.
A Emilio no le gusta ese jueguito: siempre
Se queda solo después del tantéo.
 

Hizo falta que los amigos lo entrenaran para
Que aparentara cierta virilidad en sus modos.
Gran error fue hablar mal de los homosexuales
Sin saber que al dueño de la farmacia le gustaban
Los muchachos como él.

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10 
Un camión lo arrolló en la esquina de las Alvarado.
La bicicleta quedó a un lado y los lustradores le buscaron
Sexo, mientras tardaba la ambulancia.
Iba a un cumpleaños de locas vestido de gitana, muy de mañana.
 
11 
Qué ingénuo fui de joven: me imaginé que
Después me libraría de ironía y lujuria.
Ahora, en la vejéz, qué inconciencia creer,
Que sin ironía y lujuria puedo soportar los días.
 
12 
Esa canción amada y olvidada hace tiempo
Tendría que recordarle lo que era entonces:
El enamorado muchacho de una noche; no
Este que ahora vende hasta las miradas,
Asqueado de regalarse  siempre, para nada.
 
 13 
Hace años un hombre le compraba vestidos
de mujer y lo alquilaba en los suburbios paupérrimos.
Era un chavalo entonces. Cuando lo aborreció, no sin
Esfuerzo, cambió comercio y trabajó para el gobierno.
 
14 
Las luces de la fiesta oprimen a Luis Alberto.
Tendría que haberle pedido al amigo que lo
Acompañara, pero sus propios celos lo tienen
Cansado; quisiera morirse y encontrar a otro
Que no los engañara, como hizo Roberto.
 
15 
Avanzada la tercera edad, contempla lentamente a los
Estudiantes en bicicleta, y aprecia el volumen vehemente
De las piernas y cómo el sillín penetra entre las nalgas;
el pedalear indolente, voluptuoso, al salir del colegio.
 
16 
Vas por las calles de una ciudad que no ha vuelto a ser
Tuya. Viejos desconocidos y jóvenes arteros te saludan.
Los amores que te dejaron en otros puertos, aquí también
Te ignoran para siempre. Aunque no valga, si algo de ti
Quedó en alguna parte, que no regrese a morir todavía.
 
17 
Un temible asesino confeso, capaz de borrar a cualquiera.
A él lo invitaba a vinos, sonriéndo y mirándolo a los ojos.
En la pensión, teniéndolo debajo, sudaba frió, temeroso
De no satisfacerlo.
 
18 
Leves caen las hojas de azalea sobre el piso:
Así se dejó acariciar, sin ceder su discreción.
 
19 
No sé porqué me desvelo si quieres a otro, será
Porque  álguien te escribió un epigrama mejor
Que los cien que te he leído yo?

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20 
Junto a las tapias del cementerio, donde crece
Entre las piedras canteras el culantro y el trébol,
Emigdio se le entrega totalmente  a Julio:
No saben que allí se amaron generaciones de
Muchachos.
Corazones y penes cautivos quedan
Dibujados sobre el muro.
 
21 
Fieles a la pasión entregada, a los besos y a los cuerpos
Incansables, deciden vivir juntos aunque el barrio los devore.
Saben que será un sacrificio el suyo, ofrecido a la vida.
 
22 
Estas son las tumbas de Emilio y de Rodrigo.
Al salir de la cantina El Manguito, cayeron
Bajo el peso de las balas de un celoso.
El amor que se juraron uno al otro en el baño,
Les permitió morir sin miedo, como hipnotizados
Todavía cada uno por el cuerpo del otro.
 
23 
Cuando su amante le pregunta qué es la poesía,
Claudio se olvida también de si mismo, perdido
En la belleza de Julio, que lo mira sorprendido,
Adivinando la eterna respuesta.
Es el colmo, piensa: belleza pregunta por poesía.

24 
Es su único oportunidad de entrar en refriega,
Discusión y comercio con los hombres.
Se acalora con ellos, ante ellos, por ellos,
Por el robo, que secretamente agradece.
Nadie le hace caso de otro modo, porque
Es fea, fea, desde pequeñito. 
 
25 
Muchas veces la cárcel los juntó. Después
Nadie les ganaba en andar con hombres.
Viajaban vendiendo baratijas para saborear
Amores en todas las comarcas del país.
 
26  
Consintió que Mauricio se quedara
Después de la vela: solo su espléndido
Cuerpo podía salvarlo de la ausencia
Del amigo, perdido un dia antes.
 
27 
Es el más amado, el más deseado
Y se queja sin embargo, porque
El torpe Leandro se acuesta con él
Por dinero únicamente.
Le duele esa indiferencia.
 
30 
La mala fama lo persigue como una furia.
Nadie se atreve a dejarse ver con él.
Pero cuando llega la noche y consigue a
Alguien, en ese instante, logra olvidar la
Soledad y las humillaciones recibidas.
 
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31 
No es justo que el ardiente Emilio esté solo en su
Cama, consumido también por la fiebre de la gripe.
 
32 
Llegan solidarias las imágenes al poema.
Y se van sin dejarse aferrar completamente.
Lamenta no lograr retenerlas, pero ya es mucho
Salvar algunas del viento que desteje sus días.
 
 33 
Años después de ese instante perfecto, recuerda
No haberlo visto nunca más.
Sólo la vaga imágen de un cuerpo luminoso
Regresa alguna vez a acariciarlo en la noche.
 
34 
Después de haber soñado intensamente que
Retenía en sus brazos a un bellísimo muchacho.
Apenas despierto, no pudo evitar acariciarse,
Recordando el cuerpo amabilísimo
y la besada sonrisa.
 
35 
Los pies de Armando son cosa nunca vista,
Cada dedo como un capullo rosado.
Las manos y el cuerpo, siempre delicados.
Nadie diría  que en la cama es ogro que
Devora, y solo tiene trece años.
 


36 
Al viejo escribidor de poesías
le gustan todas las de todos.
No he querido darle las mías:
Podrían gustarle tambien.
 
37 
Confundo continuamente la realidad con la
continuamente irrealidad. Se alternan las dos
cuando me acerco a Silvio y no distingo mis
nerviosas aclamaciones de sus pasos que se
alejan apresuradamente.
 
38 
Mauricio, no créas que la poesía me obliga
A narrar cada uno de tus días. Me das risa
Cuando te vas con otros y te girás para ver
Si apunto en mi libreta tus viciosos deseos.
 
 39 
Tan contemporáneo a nosotros y tan eterno,
Me adula Fabricio: que sepan los otros jóvenes
Que él tambien poetiza, conciente del ritmo,
que yo parezco olvidar, quedándome dormido.
 
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40 
En esa casa todo es de oro:
La mesa, el agua y los labios.
Sólo el cuerpo de Arturo fue
Verdadero, antes de cotizarse
En la cama de Fernando.
 
41 
Le dediqué un epigrama a Rodrigo.
Le dije ladrón, intrigante, mala casta..
Me mandó a alabar con loquitas pintadas.
Tiene sentido del humor ese joven burócrata.
 
42 
No te arrepientas de haber cedido tus encantos.
Nadie los recordara con mas asombro mudo que
El jazminero que por la ventana contempla mi cama.
 
43 
Llegan al bar los jóvenes poetas:
Algunos de sus textos y sus cuerpos,
Me dejan gratamente sorprendido.
 
44 
Como baja el halcón  manchado a coger su presa,
Así me aferró Ricardo a pesar de mi alta edad.
No quería perderse ni mi experiencia atesorada
Ni mi ojinegra poesía, tan caprichosa en la cama.
 
 45 
Nos encontramos en la puerta del muchacho
que más nos gustaba, con vino y epigramas.
Por la calidad del vino y de los versos, pactamos
Compartir la tarde, si el premio estaba de acuerdo.
 
46 
Lo veía algunas veces con diferentes muchachas
En el parque, y con la mirada lo acariciaba.
Una noche  lo encontré solo en el cine  y me llamó.
Esto es lo que querías, me dijo al oído, invitándome.
 
47 
Rápido, rápido entrá aquí, y abrió el portón de su casa.
Había un jardincito de helechos, hiedras y palmeras.
Se desnudó en la penumbra, entre unas flores que
en belleza no le llegan ni a las pantorrillas, perfectas
 
48 
Nadie había mostrado hasta entonces un rostro
Tan feróz. Venía a llevarse a Julito Quintana,
A quien su amante había perdido en una
Apuesta de gallos, en el ántro más  atróz del barrio.
 
49 
En las paredes del vecindario, en los asientos
De los buses, en los baños públicos, en los barriles
Del mercado, estaba escrito o pintado: Marcos,
te amo. Nunca supimos quién fue y amó tanto.
 
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50 
Tiemblan los labios y la respiración de Enrique,
Su alma tiembla y vibra su mirada, encendiéndose
Y apagándose, mientras agoniza entre los brazos
Y las piernas de Alejandro, que lo penetra, lentamente.
 
51 
En las misas del domingo volvían a purificarse
Con los cantos y el incienso. Durante la semana
Se encerraban para amarse minuciosamente.
Eran cristianos y usaban la mecánica celeste:
Ese perdón infinito, los perdía.
 
52 
No deseo que mis días sientas que he dejado de apreciarlos.
Haciendo de mi vida una burla he terminado por cansarme.
Volveré a lo que dijo el poeta en una lengua inolvidable, a
Casa de Emilio, que me pide que escriba epigramas para
Celebrar a Claudio.
 
53 
Que logre quedarme entre los que me quieren,
Que no persiga a Noel, que ama a Silvio, que desea
A Fernando. Que duerma entre sabanas límpias, que
Termine este poema y aquí logre cena sabrosa.
 
54 
De quién estoy más prendado?  De Emilio que es atleta
Y amador, o de Claudio imberbe, que se ofrece boca
Abajo, la cabeza entre los brazos, fresco aún del baño?
 
55 
Cuando voy al mercando, siempre me recuerdo del griego
Que quiso comprarle sus flores a un muchacho precóz,
Mientras el padre atendía otros negocios no menos buenos
Conmigo, que siempre quise estar allí, en ese poema.
 
56 
Trasladémonos a vivir a una canción Emilio:
No faltarán las fiestas, las cervezas y la luna.
Las siestas serán maliciosas, inteligentes los
Amigos, y finalmente, comprenderemos el
esplendor del tiempo gastado en la felicidad
 
 57 
Que nuestras alegrías duren siempre, que nada pueda cambiarnos.
Que si mueres, yo muera como una sombra abrazada tus piernas.
Que si resucitas, yo venga anudado a tu cuello y continuémos éste
Poema que dedicamos a estar juntos, uno por el esplendor del otro.
 
 
Alfredo Barrera