Cordelia en Guatemala

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EN SANTIAGO ATITLÁN SE HACE UN NIDO

Fumó las siete notas musicales y la descorchadura del licor
Fumó el esponjoso vello masculino y el jarabe dulzón de esa axila
Fumó tarántulas y orquídeas, piedrecillas preciosas y quetzales

A los puertos de Santa Catarina Palopó y San Antonio
A San Lucas Tolimán, a San Pedro La Laguna
A San Juan, Santa Clara, a San Pablo, San Marcos

A k’iché’s, tz’utuhiles, kaq’chikeles, a sus 21 lenguas de maíz
A todo aquel que se acercara hizo el relato de la espera
Su agonía, su conversión más tarde, su estadío de iguana

En Santiago Atitlán hubo un capítulo jaguar, un prólogo tucán
Hubo rosados cangrejitos, gallitos de veleta, lobinas negras, milpas
Todos vinieron a sus manos palmas vueltas arriba

En Santiago Atitlán comió tamales, enchiladas
Estrelló huevos y volteó frijoles
Habló sin titubear las 21 lenguas cantarinas

Rezó CUATRO plegarias al pie de TRES volcanes:

Una para JUAN DONNE, poeta, clérigo y amante

Otra para JUAN KEATS, poeta, muerto a los 25, tuberculoso, en Roma

La tercera a JUAN CASSAVETES, El Cara de Caballo, de quien estaba enamorada

Y la cuarta para ELLA Y EL NIDO
Donde más tarde empollaría

UN HUEVO

Después bebió Cordelia el aguardiente de

LA ESPERA

tarea en la que estaba

ENTRENADA

Avistó el sur, el norte, el este y el oeste

Descansó a la sombra del COMPLACIENTE helecho

Fumó tarántulas y orquídeas, piedrecillas preciosas y quetzales

EN SANTIAGO ATITLÁN HIZO UN NIDO.

 

 Capítulo II

HAY UN RAPTO

JUAN CASSAVETES, El Cara de Caballo, de quien Cordelia –como se dijo- estaba enamorada, tejió con lazos de magüey una canoa y pensó en raptarla

Fabricado el cayuco, fundacional el ánima, reunió burro y cabra, reunió zorro y conejo, reunió pato y torcaza, y en el bosque de lluvia plantó nuevas palabras

Hubo entre todas una

PREDILECTA

(Elige el autor por ahora ocultarla)

Terminada la nave emprendió la travesía y al caer el crepúsculo avistó tierra con sin par jarana

Señora, dijo al presentarse, indio no soy de Guatemala, bien cierto es que no, pero no soy de los que vienen de otras comarcas para robar, trampear, matar a puñaladas.

No soy violento ni borracho, bien cierto es que no, no me corre el hambre ni busco estafa. Tampoco puedo escribir soneto alguno en cuarto de hora alguna como Juan Keats lo hace con su amigo Leigh Hunt, bien cierto es que no,

NO PUEDO

NO

Señora
"He estado algunas veces enamorado de la muerte apacible"

Y en esta hora abundante, cangrejo de agua dulce, petalito de rosa, cruzo los veintitantos mares de la Antigua para darte este huipil bordado, esta fresca bromelia y el jarabe dulzón de mi axila

Señora
"No estoy seguro de nada salvo de la pureza del corazón y de la verdad de la imaginación: lo que la imaginación toma como belleza ha de ser cierto", digo

Señora
"Son dulces las cadencias que oímos, y aún más dulces las que nunca escuchamos"

Cordelia miró en BLANCO Y NEGRO al que así hablaba

Fumó en k’iché’ EL AIRE que esa boca expelía

Fumó en kaq’chikel, en tz’utuhil, en mam

Fumó hongos de BRUMA y tortugas de JADE

Fumó, fumó y fumó hasta caer dormida

Soñó en BLANCO Y NEGRO que fumaba

Soñó en BLANCO Y NEGRO que El Cara de Caballo la soñaba

y que en el sueño El Cara de Caballo era Juan Keats

Y LA RAPTABA.

*(los entrecomillados son de John Keats)

 

CAPÍTULO III

SE HABLA DE LA PALABRA

Quiso Cordelia dejar de ser una

EXTRANJERA

Fumó en k’iché’, en kaq’chikel, en tz’utuhil, en mam, en 21 lenguas cantarinas:

-Todavía no digo la palabra que es mía

Fumó la hija fiel
La perla sentimental
La malquerida del Rey Lear

Fumó para saber:

-También anhelo una palabra predilecta
Pero sin patria

¿cómo he de tenerla?

Fumó para saber:

-También yo quiero mi cayuco, como el Viejo Noé, como mi amado Cara de Caballo

Fundacional tenía el ánima y quiso aprovecharlo

Cruzó portales perfumados, vereditas alegres
Atravesó las milpas, los manglares
Comió higos silvestres, aguacates y mangos

Sol de Panajachel, rogó Cordelia, Luna de Sololá
Brisa de Chuchumatán
Vengan conmigo a bordo del Pequod
He fabricado

MI ARTEFACTO

Como el Viejo Noé, como mi amado Cara de Caballo, ahora tengo mi cayuco:

¡VENGAN A BORDO, HICE TRAER EL CLAVICORDIO!

ENTERRÉ A MI PADRE

NO TENGO PATRIA

Olvidé la infancia

La muerte me visita porque soy

EXTRANJERA

Porque aún

NO DIGO

MI PALABRA

Aquí
Donde no soy quien era
No soy más que un nombre, un sonido

ESCUCHEN

SUENA ASÍ:

COR --- DE --- LIA

Aquí
Donde no soy quien era
No soy más que una idea, un concepto

ESCUCHEN

SUENA ASÍ:

COR --- DE --- LIA

De este más allá en el que soy

LA EXTRANJERA

Debo hacer mi más acá

Reunir astillas, briznas de Cordelia

PRONUNCIAR

MI

PALABRA

PREDILECTA

 

 

CAPÍTULO IV

DONDE SE SOLICITA UNA GRACIA

Pidió la guacamaya
La hija fiel
La estrella ética del Pequod
Al enigma fragante de su almohada:

-Quiero que me concedas una gracia

Dame una tijera

La quiero leal, filosa

Le contestó la voz que vive oculta en las almohadas:

-Para entregarte lo que pides
Debes decirme lo que harás

Cordelia respondió:

-Recortaré parcelas escogidas de escogidas ánimas

-Las ánimas de quién –interrogó la concedente

-De los tres por quienes rezo y fumo al pie de tres volcanes

-Dime sus nombres, describe las parcelas

-De JUAN DONNE elijo su fruición

De JUAN KEATS sus ojos de mirar

Del CARA DE CABALLO su fuerza de equino

-¿Y qué harás luego con las parcelas escogidas?

-Buscaré aguja e hilo
Y coseré un huipil que heredarán mis hijas
Cuando alcancen la altura de las milpas

Se hizo el silencio en la madrugada
Y quien narra no supo
Si la gracia fue dada
Y la intención del ruego fue cumplida

 

 

CAPÍTULO V

SE PRODUCEN FILTRACIONES

Creyó Cordelia que el huipil de escogidas parcelas
La aliviaría de la pena

(No era su fuerte dominar la aguja
Y en las costuras hubo imperfecciones)

Por la PARCELA KEATS se filtró el miedo

Por la PARCELA DONNE, lo efímero

Por la del CARA DE CABALLO

UNA MUJER

¡LA ESPOSA!

(Se hace un aparte aquí para atender la petición de un calificado escucha del relato. Que se hable más de Cassavetes solicita ya que hasta el cuarto esquicio muy poco de él se ha dicho. Considerado el reclamo se hace lugar al mismo en el apéndice que sigue):

-JUAN CASSAVETES a quien Cordelia –enamorada- llamaba El CARA DE CABALLO era hombre de cine: arte mayor, espúreo, industrioso y mágico denominado EL SEPTIMO.

(Así atendida la inquietud del escucha, se cierra el apéndice y vuelve el relator al tronco principal de esta paródica epopeya)

Quiso Cordelia que el huipil la protegiera
Pero la imperfección de las costuras
Alejó el cumplimiento del deseo
Y hubo –como se dijo-

FILTRACIONES

De variado tenor y consecuencia

(Siendo éste un momento dramático, un punto de inflexión en el relato, quiere el narrador hacer aquí un resumen que estima a todas luces necesario)

En Santiago Atitlán fumó Cordelia el miedo y la descorchadura del licor
Fumó lo efímero y el esponjoso vello masculino
Fumó las siete notas musicales
Fumó tarántulas y orquídeas, piedrecillas preciosas y quetzales
Fumó su estadío de iguana, su prólogo jaguar, su epígrafe tucán

En tz’utuhil, en kaq’chikel, en mam, en k’iché’, en q’eqchi, en 21 lenguas de maíz fumó su conversión y su agonía, su búsqueda de la palabra predilecta y su espera de la poesía

Fumó hongos de bruma y tortugas de jade
Fumó en blanco y negro

Fumó LA EXTRANJERÍA

Fumó por el olvido de la infancia, por el entierro de su muerto, por no saber dónde situar la patria

Fumó por el Pequod y el clavicordio y por

NO
SER
LA ELEGIDA

Fumó por el sonido de su nombre o por la idea del sonido o por el nombre o sonido o idea que ella era y se escuchó decir:

Suena así: COR --- DE --- LIA

Fumó por la reunión de briznas y astillas

Fumó por su tijera
Y por los tres de quienes escogió
PARCELAS

Fumó por el HUIPIL que heredarían sus hijas al alcanzar la altura de las milpas

TODO FUMÓ

NADA DEJÓ AFUERA

Pero no pudo con la FILTRACIÓN que más la atormentaba:

La de JUAN CASSAVETES -EL CARA DE CABALLO-

No se fumó a LA MUJER

LA ESPOSA

 

 

CAPÍTULO VI

SE ACUDE A LA LOBINA

Filtrada LA MUJER

LA ESPOSA

No fueron ya las cosas como antes

En el huipil bordado perdieron su color los colibríes

La Rosa de Jamaica enmoheció en el vaso

Cordelia abandonó Atitlán
Entre suspiros
Y a bordo del Pequod
Ladró
EL CAN DE LA MELANCOLÍA

 

De lejos

El CARA DE CABALLO

Observaba

Y el resplandor que ardía en su mirada

Iluminaba la oscura noche de las milpas

(Se encoge el corazón de quien relata, ¡cruel infortunio el de estos amantes!)

En busca de consuelo
Cordelia acudió a la hechicería
Y en 21 lenguas fue enviada
A consultar a

LA LOBINA

Dijo así la enamorada
Palmariamente deprimida:

-Lobina de Atitlán, lobina negra, amiga
Cúrame de la Ceguera

(Era JUAN KEATS y no EL CARA DE CABALLO quien me raptaba en la espesura de aquel sueño)

-Lobina, lobinita

Cúrame de la Ilusión

(Era JUAN DONNE y no EL CARA DE CABALLO quien entre sábanas decía:
SÉ NATURAL COMO EN EL PARTO*)

-Lobina de Atitlán, lobina negra, amiga
Cúrame de lo Aborrecible

(Era LA ESPOSA y no EL CARA DE CABALLO quien seguía el lento cabeceo del Pequod frente a la costa)

-Lobina, lobinita
Deja que nade contra la corriente
Para poner

MI HUEVO

-Ya no quiero fumar para saber

Ya no quiero cuidar la planta de tabaco

Armar de a poco el cigarro

Morder el humo del encierro

-Ahora quiero

MIRAR Y VER

EL MIEDO

LO EFÍMERO

EL MISTERIO

-La muerte me visita porque

SOY EXTRANJERA

 

¿ESTO ME HA SIDO DADO O SOY YO QUIEN LO CREA?

 

 

CAPÍTULO VII

SE ADMITE UN HECHO

La visitó la MUERTE y en mitad del DOLOR
Puso

Cordelia

UN HUEVO

De los puertos de Santa Catarina Palopó y San Antonio
San Lucas Tolimán, San Pedro La Laguna
San Juan y Santa Clara, San Pablo y San Marcos
Bajaron todos a mirar el lento cabeceo del Pequod
Repitió la hija fiel:

-Por la misma razón que uno los ama, ellos se alejan

(Era la época que precede a la octava y en Atitlán se olía la tragedia)

 

JUAN CASSAVETES regresó al Séptimo a fabricar un nuevo
ESPEJISMO

Partió
SOLO
Y desde un avión dijo
ADIÓS a los volcanes
Sin pronunciar
PALABRA

Quedó entre las milpas el huipil
Y la parcela que de él Cordelia había recortado

Quedó la FILTRACION

LA ESPOSA

También
UNA EXTRANJERA
Que en orden de aparición es
LA SEGUNDA
Siendo Cordelia
LA PRIMERA

¿O quedó su recuerdo?
¿La turbadora impronta de su existir ESPOSA?

Musitó la hija fiel:

-Dice el oráculo que el Destino pide –y mi cansado corazón lo necesita- admita un hecho incontrastable:

MIS DIAS DE BAILE TERMINARON
(es decir, no va más lo de "muñeca, muñequita que hablás con zeta")

Un huipil de negrura cayó sobre su frente

Lloró en k’iché’, en q’eqchi’, en tz’utuhil, en kaq’chikel, en mam

Sus ojos se secaron

Se marchitó el manglar

Las plumas del quetzal se opacaron

Enmudeció el mono aullador y al ojo del tucán lo empañó una lágrima

(Era la época que precede a la octava y en Atitlán se olía la tragedia)

Del camarote no salía

El humo del encierro la mordía y empollaba su huevo

Hasta que una mañana
La Torcacita Roja de Chuchumatán
Golpeó con su piquito la ventana:

-Traigo un mensaje para ti, Cordelia, y el mensaje decía:

Gentil Cordelia, el más hermoso corazón
Pide por mí –y para mí- al enigma fragante de tu almohada
Me sea concedida una gracia:
Quiero la bendición de tu paciencia
Necesito tu tiempo y tu confianza

Cordelia añoró la libertad
Que una mujer posee cuando no está enamorada

Pensó en el HUEVO que empollaba
Pensó en partir al alba

Desplegó el mapa y cerrando los ojos
Puso el dedo en un sitio cualquiera del planeta:

DEBO SOLTAR LA AMARRA DEL CAYUCO
QUIERO LA BENDICIÓN DE MI PACIENCIA
NECESITO MI TIEMPO Y MI CONFIANZA

(LA OSCURIDAD DEL ALMA YA NO ERA SU VICIO)

 

 

CAPÍTULO VIII

SE MIRA

La torcaza volvió a Chuchumatán
Sin llevar en el pico una respuesta

(En este punto quiere el relator aclarar a la audiencia:
Que Cordelia no contestara el mensaje nada agrega ni quita a la secuencia)

Quedó la hija fiel a solas con su HUEVO
Y ése fue un momento trascendente

La escena le pedía
ESCRÍBE, ESCRIBE
Y ella se obstinaba en no escucharla

El CARA DE CABALLO ocupaba LA NEGRA TORRE de su pensamiento:

-Solicita el de la boca equina la bendición de mi paciencia
La paciencia es callada
No necesita de palabras

Envuelta en su certeza
Partió a los volcanes
En cada uno hizo equilibrio al borde de los cráteres
Y conoció lo acerbo de la furia
JUAN CASSAVETES la había puesto iracunda
Y en el riesgo su rabia adelgazaba

En Chichicastenango bebió rompopo hasta el derrumbe

Bajó al cenote más profundo

Comió del hongo más amargo

Fumó sintiendo que era
SU ÚLTIMO CIGARRO

Cayó y cayó
Interminablemente

Y en la caída oyó su voz de niña gritar llena de espanto

Se miró en BLANCO Y NEGRO al caer

Se miró en la lobina, en el entierro de su muerto

En su infancia olvidada y en el agujero donde antes hubo patria

Se miró en kaq’chikel, en tz’utuhil, en k’iché’, en q’eqchi’, en mam, en 21 lenguas
cantarinas

Se miró en EL CAN DEL DESCONCIERTO
Se miró y esto vio:

UNA MUJER QUE EMPOLLA UN HUEVO

Miró dentro del huevo y no vio

NADA

 

 

CAPÍTULO IX

PARA DARLE UN SENTIDO A LAS COSAS

Se hizo la noche en la gentil Cordelia
La más oscura, la más inclemente:

Lloró, lloró, lloró
En k’iché’, en tz’utuhil, en q’eqchi, en kaq’chikel, en mam
Lloró con ruido y sin ruido
Tapándose la cara y a cara descubierta
Lloró hecha un ovillo y lloró estirada
Lloró entre las milpas y entre los cafetales
Lloró como una caña y lloró como orquídea
Lloró en lo más alto de la ceiba
Y colgada del vuelo de un quetzal
Lloró con ojo de tucán, con temblor de tortuga,
Con suspiro de iguana, con hipo de jaguar
Lloró con el runrún de los cenotes, con balanceo de manglar
Lloró en 21 lenguas cantarinas, lloró hasta gritar
Lloró frente al espejo de las aguas, lloró bajo el volcán
Lloró en cada esquina de La Antigua, lloró en Atitlán
Lloró hasta desconocer a la que llora, lloró hasta cantar
Lloró por los rincones de la casa
Y por cada orificio de su anatomía
Lloró por los declives y los llanos
Por los acantilados y las nubes
Por el cielo vacío y la tormenta
Lloró por la adivinación y la hechicería
Por el decir y el mostrar
Lloró sin dilación, sin timidez, sin límite
Lloró perdiendo el control
Lloró dando agudos ayes
Lloró desde el balcón
Lloró contra la almohada, con vergüenza
Lloró sin altivez, sin dignidad
Lloró con ansias de venganza, lloró para escapar
Lloró por ser la autora y no encontrar a quien culpar
Lloró por cada uno de los cuatro costados
Lloró de risa, lloró de estupor
Lloró por una mancha en la camisa
Y por un pelo en el mentón
Lloró por una cana en el pubis
Y el mal aliento de origen bucal
Lloró por quienes cuentan un secreto, por quienes sufren confusión
Lloró como lo quiso OLIVERIO, de amabilidad y de amarillo
Lloró por un orgasmo simultáneo
Y porque nada es fácil ni sencillo
Lloró en el aperitivo y en los postres
Lloró por los efectos del alcohol
Por ser un colibrí y un escorpión
Lloró porque su nombre era Cordelia
Y era también el nombre de su madre
Lloró para montar un espectáculo
Lloró cuando el arroz se le pasó
Lloró hasta ladrar
Lloró para crear un personaje
Lloró como disfraz de carnaval
Lloró para dar brillo a la mirada
Lloró como recurso de conversación
Lloró hasta caer exhausta, lloró de profesión
Lloró por la incomodidad de los domingos
Porque no era la que fue
Lloró en blanco y negro y lloró en color
Lloró por ser una extranjera y no tener pasaje de regreso
Lloró por la caída de la tarde y la caída de los dientes
Porque tras el almuerzo se infla el abdomen
Lloró porque aún se pierde la paciencia
Y la inocencia se perdió
Lloró porque es un modo de hacer amigos
Lloró para huir de la aflicción
Lloró por no saber si irse o quedarse
Lloró para hundirse, para desvanecerse
Para volverse piedra y flotar
Lloró para sentirse renovada
Para darle un sentido a las cosas
Lloró por vacilar y no actuar
Lloró porque hay prestigio en el drama
Porque la gravedad llama al respeto
Lloró para lograr un poco de atención
Lloró en fa sostenido y lloró en re bemol
Lloró hasta plegarse dentro de una valija
Lloró porque en los sueños pierde el tren
Lloró porque ¿no hay nadie en esta casa?
Y por sentir mucho temor
Lloró porque sus ojos lo pedían
Lloró porque lloró

Y POR QUÉ NO

¿POR QUÉ NO?

 

CAPÍTULO X

DONDE GOTEA

Purificada por la abundancia de su llanto
Una mañana despertó Cordelia
Y no hubo en su mente
recuerdo ALGUNO de aquel hombre

El rostro de
JUAN CASSAVETES
–de quien decía estar enamorada-
Se había
ESFUMADO

Aquella boca equina era MENOS que un punto en su memoria

¿Qué haría el Pequod sin su ancla más preciada?

Luchó entonces por saber pero
NO
Acudió a su cigarro

Buscó la voz oculta
En la almohada de una guacamaya
Y preguntó
Tratando de encontrar aquello que se había ido:

-"Todo hombre es el guardián de algo perdido"*
Le respondió la voz

Y la bruma entró por los costados cubriendo prontamente el ESCENARIO

-Cordelia, hija fiel, perla sentimental, el amor si es hechizo obnubila. Y si lo hace, es condenación. En el obrar del corazón se unen los extremos. No de otro modo te será dado ver dentro del HUEVO.

Así habló LA LOBINA
Dispuesta a socorrer a
LA EXTRANJERA

Abrió su mano diestra

LA HEROÍNA

Y soltó el cayuco de

LA ESPERA:

-"¡Qué grande ha sido nuestro amor y sin embargo, ay, mirá lo que quedó!"

 

Por el muñón
De la siniestra

SANGRE GOTEABA

Sobre

EL HUEVO

*de la poeta Fina García Marruz

Graciela Cros

 

 

CORDELIA EN GUATEMALA
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