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El Arte Centroamericano:
una mirada a través de la III Bienal de Artes Visuales del Istmo.

Betsy Parra Osorio y Karenia Cintra. 

Hay ocasiones en que podría afirmarse que el posmodernismo, con su aceptación de los discursos del otro, no ha llegado al Istmo centroamericano. Esta zona es aún  marginada, y cuando se le reconoce algún valor artístico, tiene que ver más con individualidades que con movimientos o escuelas. Surge entonces una interrogante: ¿Es que no hay arte en Centroamérica? Sí, pero comprendemos el silencio de este espacio cuando leemos los artículos que se publicaron por motivo de la III Bienal de Artes Visuales. 

Dentro de las funciones de las Bienales como sucesos culturales, está el servir de termómetro de las tendencias plásticas contemporáneas. A pesar de que las creaciones pasan por un filtro más o menos justo para llegar a ser expuestas en ese marco, es innegable que la generalidad sale a flote y el momento es propicio para esperanzarse o entristecerse con lo que se está produciendo. Pero, ¿cómo revalidar nuestro arte cuando no hay un respaldo teórico especializado en un evento de tal envergadura como el que nos ocupa?. De los conflictos, más que de la aparente polémica que suscitó, trataremos en este trabajo.

La III Bienal de Artes Visuales del Istmo centroamericano se celebró del 19 de septiembre al 19 de octubre en Managua, Nicaragua. Participaron 36 artistas -aunque hay quien duda de esta denominación en algunos casos -y conformaron el jurado Gerardo Mosquera, María Elena Ramos y Elena Olivera. Las ediciones anteriores fueron en Guatemala en 1998 y en Costa Rica en 2000.

 El tránsito de Bienal de Pintura a Bienal de Artes Visuales fue una necesidad; aparecieron nuevas tendencias, nuevos lenguajes que se alejaban cada vez más de las formas tradicionales y que urgían un espacio. Reflejo de esta situación fue la abundante presentación de fotografía, video-art, instalaciones,  impresiones digitales, técnicas mixtas, esculturas, opuesta a una pequeña porción tradicional- temerosa de pintura de caballete. 

Por supuesto que estas formas de hacer arte no son originarias ni exclusivas de la zona. Desde Marcel Duchamp y el Dadá, el objeto pudo convertirse en obra artística. También el instalacionismo fue un fenómeno de la segunda mitad del siglo XX. Pero estos artistas están buscando su espacio, su estilo, precisan experimentar; el incursionar en todo lo preconcebido para llegar a lo auténtico se convierte en la premisa de la contemporaneidad. 

Sin embargo, es imprescindible que a la par de este proceso transformador aparezca un público educado bajo iguales improntas, que modifique su sensibilidad estética hasta  aceptar y reconocer las técnicas y los soportes que se irán haciendo más frecuentes. Para que funcione la dicotomía arte - receptor, los conceptos ideo-estéticos de ambos tienen que confluir en una  misma dimensión. 

bienal2.jpg (22173 bytes)Lamentablemente, esto no está sucediendo. El 17 de octubre de 2002, aparece en La Prensa una carta del "no especialista en la materia"-como él mismo se cataloga-, Andrés Mendoza Bravo, donde cuestiona el valor artístico de la obra de Raúl Quintanilla Para lelos históricos. Este consumidor refiere: 

"... en un principio vi una realidad a la que por años siempre nos encontramos, por tanto de entrada aplaudí la iniciativa, ya que el autor logra ubicar a las actuales paralelas que siempre ponen en el suelo nuestra institucionalidad, pero al entrar más al fondo fui totalmente sorprendido al encontrar que dentro del bacín o la bacinilla, se encuentra incrustado nada más y nada menos que nuestro Escudo Nacional, y me pregunté: ¿Cómo es posible que nuestro Escudo Nacional esté en dicho lugar?

(...) 

¿Cómo explicar a nuestros educandos tal situación? 

En verdad, no entiendo, cómo el artista de esta expresión pretende presentar o mejor dicho entregar a su pueblo una obra en donde por lógica el Escudo Nacional esté recibiendo las heces humanas, pues bien, de existir una explicación acorde a la realidad, el respeto y llena de valores éticos, cívicos y patrióticos, sería prudente conocerlos no necesariamente del artista, sino de cualquier especialista en la materia." 

bienal3.jpg (13645 bytes)Al reflexionar sobre la reacción  que provocó una instalación crítica, pero no explosiva ni neurálgica, en este "cívico y patriótico" espectador, podría afirmarse que el público del Istmo se quedó en el siglo XIX. Resulta irónico y hasta doloroso, que el arte instalacionista centroamericano tenga que enfrentarse o regirse por convencionalismos decadentes; cuando la desacralización , la desmitificación, la indolencia y la burla a través de las manifestaciones artísticas de los sistemas, cánones, sociedades, filosofías, políticas e incluso, del propio arte, es un fenómeno nacido y desarrollado desde el siglo pasado. Pueblos que han sido humillados y oprimidos por dictaduras... y pretenden que los artistas respeten lo que ellos mismos con su inacción destruyeron. Hablar del "cultivo permanente de nuestros valores cívicos, morales y patrióticos" es, entonces, un gran cinismo. 

Al menos Andrés Mendoza opina desde una posición no especializada. Enervante y ofensivo es el concepto de arte que emana de los artículos de Leslie Ruiz - autora más frecuente dentro de la escasísima bibliografía pasiva de esta Bienal-."Una vez más los países centroamericanos se toman de la mano por una sola razón donde lo extravagante, lo insólito, lo aparentemente sin sentido es hecho obra". En otras palabras, el arte centroamericano es extravagante, insólito, sin sentido. Sólo falta para completar este infeliz cuadro decir que es folclórico, ingenuo y a la espera de cualquier oportunista revendedor llegado de las "capitales del arte universal". Si las definiciones que publica la prensa son tan superficiales, tan inexactas, tan pregoneras, tan insostenibles teóricamente, cómo educar la sensibilidad y apropiación artística del público. "Con amigos como estos para qué quiero enemigos". 

           A la comunicadora le pareció muy creativa la obra de Ronald Moran ( El Salvador) El orden de los factores alterados por el producto, que consiste en un inodoro convertido en pecera, con dos peces dorados dentro, cuya idea a trasmitir es que la vida puede darse en cualquier circunstancia y también pretende desmitificar las acciones que se suponen privadas. Cualquier semejanza con el urinario de Marcel Duchamp es pura coincidencia.  

Evidentemente esta mujer - tanta es la ofensa a los sentipensantes centroamericanos que ya no hay cómo catalogarla - no tiene siquiera un conocimiento mínimo de la Historia del Arte, cuando da como novedosa una apropiación consciente de los ready-made y del Dadá de ¡1916!. Incluso su conceptualización del arte centroamericano contemporáneo coincide con una de las definiciones de Dadá hecha por María Belén Luaces: "Lo absurdo, el sin sentido de la razón, el azar y lo efímero, es redescubierto por Dadá como la esencia de la nueva realidad".   

Y como si fueran pocas sus barrabazadas, al continuar con la muestra salvadoreña comentó: "Y es que para Doño, el arte no se puede limitar al puro entretenimiento ´sino que además debe recuperar la memoria histórica de cada país´ ".¡Lloremos, centroamericanos, si algún artista  o crítico o cronista nuestro considera que dentro de las funciones del arte está el entretenimiento! Es cierto que las funciones del arte se han modificado con el decursar histórico, también es válido reconocer una función hedonista, pero el arte para entretener, el arte como espectáculo, no, eso no es permisible. En un sencillo y terrenal libro de Antropología puede leerse: " Este territorio de realidades imaginarias creadas por el arte no es mero capricho, una especie de entretenimiento banal o poco serio. Más bien, por medio del arte, la narracion literaria, y en general las acciones simbólicas, se constituyen los modos humanos de encontrar el verdadero sentido de las cosas".  

En las artes plásticas es frecuente que los artistas no titulen sus obras; esto ilimita la polisemia y permite una gama mayor de exégesis. Una versión más romántica- en cuanto a la exaltación del yo- lo justifica con que de ese modo la idea del artista, su esencia, su preocupación o inconformidad queda oculta, indescifrable. A Leslie Ruiz le llamó la atención este suceso en las muestras hondureñas y se aventura al especular que Ernesto Rodezno no tituló sus impresiones digitales "probablemente por su carácter de abstracto o complejo".¡Cuidado con los conceptos! Es innegable que las opiniones aparecidas en la prensa son asumidas popularmente como inequívocas; la subjetividad del cronista es aparentemente anulada. Por tal motivo es válido aclarar que el arte abstracto plantea dificultades de comprensión y juicio, pero esto sucede porque los abstractos no representan ni seres ni objetos, sino imágenes puras a través de los mínimos recursos estéticos: formas, colores y espacio, creando una impresión sólo por sus valores expresivos en sí mismos; es un arte intelectual, al que coherentemente se ha denominado "no representativo".  

La dificultad estriba en que esta periodista le está masticando el arte al público centroamericano. Es frecuente en sus artículos la descripción exhaustiva de la obra y lo que significa según el realizador. Sinceramente, si leo en la prensa sobre una exposición y me describen y decodifican las obras, ¿para qué ir si se ha vaciado la posibilidad de pensamiento o de reacción? Cada vez que le pregunta al artista :"qué quiso decir" recuerdo a Willgenstein, quien aseveraba que ante la pregunta ¿se puede decir el significado de la obra de arte?, la salida consistía no tanto en buscar una respuesta, sino en investigar y cuestionar la propia pregunta. Refería este teórico: "no sólo es difícil describir en qué consiste una apreciación estética, sino imposible, por mucho que se ha intentado. Es precisamente en esta genuina inexplicabilidad del significado artístico donde radica su consideración como obra de arte. Es imposible descifrar, interpretar completamente una apreciación artística. No se trata de nada metafísico ni esotérico: es la intrínseca complejidad de su constitución y comprensión estética lo que la hace indescriptible. La percepción es individual. A lo más que se puede llegar es a una cierta coincidencia de las distintas percepciones, que nos dan cuenta de su posible veracidad. El entendimiento del arte tiene como único medio la percepción, el conocimiento y la aprehensión a través de los sentidos". Entonces resultaría que los consumidores centroamericanos temen hacer sus propias interpretaciones por ignorancia; prefieren no errar el tiro, por si sus ideas no coinciden con la del artista o por si ni siquiera tienen ideas. 

Parece que Centroamérica no sólo tiene que enfrentar a la marginalización que le imponen los grandes centros culturales, sino además soportar el silencio de la crítica especializada porque ésta no existe. 

Respiremos profundo...y sigamos con la Bienal. 

bienal4.jpg (24880 bytes)La III Bienal de Artes Visuales abrió un espacio para los nuevos talentos. Desmitificó a los países del Istmo con actitudes de Mecas de artes plásticas y demostró que felizmente en la actualidad, el talento se impone sobre la tradición o la Historia del Arte. Uno de los ejemplos de este fenómeno es el artista hondureño Adán Vallecillo, quien presentó Casa curada. Esta obra, concebida a partir del ajo, con una dosis significativa de síntesis, desborda superstición, elemento característico de la cultura popular, del vulgo. Es admirable esta recurrencia a la fuente popular para crear un arte real y expositor de ideas. 

bienal5.jpg (25995 bytes)También muy ocurrente fue la obra de Cecilia Paredes(Costa Rica) Recursos humanos para la obtención de lo divino (manto tejido con 1700 huesos de pollo, 175x149 cm)."Instala, ensambla, diseña, inventa, y fabrica arte usando elementos físicos desechados así como todos aquellos provistos por la naturaleza." El arte tiene mucho que ver con la imaginación, pues es la posibilidad de representar bajo códigos estéticos, las ideas del artista, sus impresiones del mundo, sus soluciones, sus necesidades; es también una manera de materializar lo espiritual. Ese es uno de los méritos mayores de las obras de Cecilia, su imaginación fecunda. Quizás uno de los problemas del arte centroamericano es que ha obviado la creatividad y se ha sumergido en la reiteración de modelos ideo-estéticos.  

           El asunto histórico-social estuvo en varias muestras, apoyado - como es de esperarse- en la figuración. Es cierto que nuestros pueblos han tenido una historia convulsa y opresiva, pero el tema tan reiterado aboga más por el facilismo.¿Es que no pueden dejar de quejarse y enmendar su camino?¿Por qué usar temas manidos? 

Los premios.Las obras premiadas estaban soportadas en el video-art (Brooke Alfaro, Ramón Zafrani y Patricia Belli). Esto también suscitó inconformidades, pues algunos artistas se quejaron de lo caro de esta forma de creación. Cualquier otra razón es más valedera que esta... ¿quién dijo que el arte es barato?, ¿quién pretende justificar sus fracasos con la economía? 

Lo cierto es que esta Bienal permitió, a quienes respetan el Arte, problematizar las producciones contemporáneas en el Istmo. Las polémicas referidas por la coordinadora general del evento Juana Bermúdez carecen de solidez teórica. La crítica especializada mayormente prefirió callar. El público se limitó a no entender. Mientras tanto, muchos artistas centroamericanos se debaten entre la novedad y el talento.  

Sin recurrir en utópicas previsiones, confío en que las próximas bienales cultivarán mejores resultados. Por una existencia de espiritualidad y conocimiento.   

 

Bibliografía consultada: 

www.artefacto.com.nic 

www.almargen.com.ar/sitio/seccion/arte/dada

www.artehistoria.com/genios/estilos/74htm 

www.latin-art.net/revista2.htm 

www.economia.nfm.edu.gt/mpolanco/filhombre/cultura2.htm