DEL HOMBRE Y SU TIEMPO


     

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Jaime Pérez Alonzo

¿ AGONIZA SU MAJESTAD EL ARTE?

" Abominad las manos que apedrean las ruinas ilustres."

Rubén Darío

Salutación al Optimista.

Cada día que pasa el hombre moderno, perdido en un marasmo de valores en conflicto, va poniendo de manifiesto una absoluta y aterradora ausencia de sentido estético. Esto no es de extrañarse ya que vivimos en una sociedad convulsionada por una incurable depresión existencial. Esto lo vamos confirmando en las diversas corrientes o escuelas artísticas que, alejándose de los mas elementales preceptos de buen gusto, se empeñan en continuar contraviniendo radicalmente los antiguos parámetros del ideal clásico de belleza. Pisoteando la armonía del verbo, distorsionando la pureza estética de la métrica y sumiendo la idea en la mas aberrante de las incongruencias pretenden reclamar, sacrílegas, un sitio prominente en el impoluto y sagrado templo de Palas Atenea. Esas nuevas escuelas -ya impuestas sin mucha o ninguna protesta de parte de nuestro mundo artístico - revelan, en su anarquismo tan lapidario como iconoclasta, los diferentes grados de alienación emocional en que se encuentra inmerso el espíritu del artista moderno. Porque, la expresión cultural de toda época, bien sabemos, es un fiel reflejo de la sociedad que la engendra y nutre. Es por eso que, en un mundo tan convulsionado como el nuestro, se haga cada vez mas difícil interpretar, y mas aún, asimilar, ese mensaje de armonía y equilibrio que ayer caracterizara la obra inmortal y trascendente de los grandes maestros de la antigüedad clásica. De ahí que hoy, lo que se conoce como "arte" no sea otra cosa que el producto deforme de una sofisticada vulgaridad que proviene de escuelas de mediocre prosapia que se mueven al ritmo de una moda irrisoria y frívola promovida por mercaderes mercenarios e ignorantes. Ya en la inspiración artística no participa el esteta obsesionado por ideales trascendentes y bellos, únicos capaces de captar y expresar el mensaje humanista y puro del arte verdadero. Esto se realiza ahora mediante el frío expediente de la computadora. Es quizás por eso que el escritor Karl Vennberg, que abandonó la Academia Sueca en Mayo de l995 por desavenencia con sus colegas, había dicho en una entrevista en l993 que, aunque aún hay excelentes escritores en el mundo, ya no se encuentran genios. En igual forma, desde hace tiempo los auténticos estetas venían preconizando la decadencia de la producción artística. Creo que fue Hermann Hesse quien afirmó una vez que "la poesía es el misterio de la vida y el mundo recreado en el verbo." De ahí entonces la sacralidad manifiesta de la palabra, una sacralidad que es consumada mediante la transubstanciación del pensamiento que florece en la inspiración creadora. De ahí también que el poeta, supremo intérprete de los enigmas de la vida del espíritu, sea el depositario sagrado de ese pensamiento mágico que anima el universo todo y le convierte en el artífice estético por antonomasia aunque la bastardía intelectual continúe empecinada, con su vulgaridad, en escupir los excelsos cánones consagrados de la tradición artística.

Permítasenos ahora que el gran genio de nuestra Lengua nos ayude a librar esta batalla. Al inicio de su gran renovación del castellano Rubén sintetizó las bases de su credo estético cuando escribió en el prólogo de Prosas Profanas: "¿ y la cuestión métrica? ? y el ritmo ? Como cada palabra tiene un alma, hay en cada verso, además de la armonía verbal, una melodía ideal. La música es sólo de la idea, muchas veces. Y luego, en el prólogo al Canto Errante........ "música de las ideas, música del verbo"....... "Yo no soy un iconoclasta.. ¿Para qué? Hace falta a la creación el tiempo perdido para destruir. "Y, en el prefacio de cantos de Vida y Esperanza......."la expresión poética estaba anquilosada a punto de que la modificación del ritmo había llegado a ser un artículo de fe.". A partir de ahí, Rubén, apoyado en su gran genio creador y, con una sangre nueva, restaura y vivifica el idioma librándolo de su arteriosclerosis. A diferencia de Rubén, la nueva "poesía", auspiciada y fomentada por la mediocridad, promueve un concepto anárquico de libertad en el arte que no resulta más que en destruir la belleza de la armonía y de la idea introduciendo en su lugar abstracciones absurdas e incongruentes como veremos mas adelante.

Otro gran escritor, Gabriel D’ Annuncio desde aquel entonces se comenzaba ya a preguntar: "¿Se aleja el Arte?. ¿Para dejar lugar a qué otra potencia"? cuando comenzaba a entrever el progresivo quebrantamiento de la tradición artística y de todo aquello que confería perennidad y excelencia a la auténtica obra de arte, cuando la perturbación emocional de mediocres advenedizos amenazaba a esa capacidad estética creadora que resumía, mediante un lenguaje de belleza, las angustias existenciales que, desde la profundidad del corazón humano, va enrumbando su esperanza en medio del tráfago de su tragedia cotidiana. Porque, repetimos, la creación artística, para alcanzar el olivo de la excelencia, requiere proyectar, como cualidad característica, una pátina especial de universalidad, de indiscutible trascendencia, lo cual le confiere su garantía de inmortalidad en la dimensión de los valores ecuménicos del Espíritu. Por el contrario, hoy en día vemos como el Arte (o lo que queda aún de el) marcha claudicante, de capa caída, sin rumbo definido, con la esperanza perdida y a marcha forzada mientras acarrea a cuestas la cruz de una trágica derrota moral intronizada en el meollo de su naturaleza desvirtuada. Acusa la desesperación existencial del hombre de nuestro tiempo.

En el artista actual pareciera haber desaparecido el verdadero aliento creador así como la ilusión restauradora de esa utopía y de ese animismo que le hermanaban con lo telúrico y le identificaban con el cosmos. En consecuencia, la presente generación, desprovista de los antiguos paradigmas, ha perdido la capacidad de apreciar la verdadera obra de arte. Como bien opinaba Ortega y Gasset: "Lo característico del momento actual es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho a la vulgaridad y lo impone dondequiera."

La revolución contra la literatura y estética clásicas se originó en Europa en la labor nihilista, entre otros, de Mallarmé (fundador del Simbolismo y primero en suprimir la puntuación en el verso) quien tuvo la peregrina ocurrencia de "descubrir" lo que él concibió como "poesía pura", proyecto insólito que repudia toda valoración estética y propicia un movimiento de franca anticultura con respecto a las antiguas normativas consagradas. Otro de los " poetas malditos" que secundó esta escuela reformista (léase nihilista) fue Lautreamont quien, con sus Cantos de Maldoror, desemboca en el nacimiento del Surrealismo el cual, con su pretensión de "depuración literaria", inicia la inclemente destrucción de todos los ideales clásicos. La pretensión de llegar a la "poesía pura" se manifiesta en nuestros días en la aberrante idea de "depurar" el idioma mediante la sistemática simplificación tanto de la idea como de la forma hasta llevarlas a su mínima expresión, o sea, a lo que pudiéramos considerar como su osamenta primaria. Pareciera que, en su afán de protagonismo literario, los gestores del nuevo movimiento olvidaron el hecho de que "desramar" un idioma equivale, en primera instancia, a despojarlo de toda su intrínseca capacidad para el lirismo a la vez de que se le imposibilita el libre desenvolvimiento de ese su trasfondo espiritual tan necesario para su expresividad épica y dramática. En otras palabras, se le priva de esa poderosa savia que venía nutriéndolo durante siglos y que lo enriquecía con el aporte del folklore y sentir populares. Se le priva de ese singular encanto y plasticidad estéticas, de esa gracia y de esa espontaneidad naturales y, lo que es mas importante, de ese noble timbre de casta que le imprime y garantiza la autenticidad de sus raíces. Es como si incendiáramos un frondoso y bello bosque. Lo único que quedaría de él serían las desnudas estructuras humeantes de lo que ayer fuera un verde y florido exponente de una naturaleza pródiga y exuberante. "Desramar" un idioma, en suma, equivale a desflorar la virginidad de su alma al extirparle su conciencia y libertad creativas. Sin embargo esa ha sido la nefasta obra de la llamada " poesía moderna". Menos mal que aquí en Nicaragua ninguno de esos filisteos de la cultura se ha atrevido aún a descarrilar

oficialmente la obra de nuestro gran Rubén. Sin embargo habremos de continuar manteniendo nuestra protesta en defensa de nuestro bello idioma. Porque es inconcebible imaginar que nuestra lengua tan fértil, versátil y dotada de una riqueza plática tan extraordinaria pueda ser "podada", es decir, desmembrada de todos esos sus giros, metáforas, puntos y comas y demás elementos enriquecedores que conforman, reestructuran el sentido lógico de la idea y dan vida a su expresividad emocional y lírica. Y así evitar el desafuero lingüístico emprendido por un movimiento renovador espurio el cual, realizado desde el criterio de una supuesta economía literaria, se rige por la ley del mínimo esfuerzo y el afán de un protagonismo fácil que cuenta con el respaldo incondicional de la ignorancia institucionalizada. Un arte que no requiere de inspiración ni de rigurosidad académica sino que se lleva a cabo mediante un análisis frío y calculador que inevitablemente desemboca en una burda síntesis anatómica de laboratorio. Y es que, indefectiblemente, nosotros nos preguntamos: ¿podría continuar siendo pájaro la golondrina si le cercenamos las alas?. ¿O rosa la flor sin pétalos ni fragancia?. Esto nos trae a la memoria el cuento aquel de Giovanni Papinni en el que uno de estos exponentes del nuevo arte va reduciendo paulatinamente un largo poema hasta llegar a sintetizarlo en una sola palabra. Luego, no satisfecho aún con su maravilloso trabajo de síntesis artística, termina por suprimir la última palabra llegando así, según él, a lograr (! Oh prodigo del genio!) la "poesía pura".

El razonamiento crítico que pretende justificar esta lapidaria e iconoclasta concepción del arte tiene, entre sus principales exponentes, a Marinetti quien defiende lo que él llama "la liberación del terror estético", refiriéndose a la influencia que ejercen los museos a los que considera como cementerios desde donde los muertos gobiernan a los vivos. Esta escandalosa aseveración es acertadamente refutada por Gustavo Lafora quien afirma que "los iniciadores mas serios y mas fervientes de estas escuelas ultramodernas de arte, atormentados por complejas preocupaciones de estética, de estilización, simbolismo, de alejamiento de la visión real, de simplificación geométrica, eran, a pesar de su aparente normalidad, individuos con mentalidad esquizofrénica" . Por ejemplo, en su polémico MANIFIESTO FUTURISTA, Marinetti declara su voluntad de "cantar el amor al peligro, la exaltación del movimiento agresivo, el insomnio nervioso, el paso gimnástico, el golpe de puño, la belleza de la velocidad". Para terminar afirmando absurdamente que "un automóvil de carrera es mas bello que La Victoria de Somotracia". El mismo Ortega y Gasset se preocupaba por la deshumanización del arte que dichos exponentes enunciaban. Sería entonces razonable concluir afirmando que, con el arte moderno, entramos de lleno en el consultorio de los patológico ya que pone al desnudo las manifestaciones alucinantes y enfermizas propias de una frustración personal y colectiva.

Añadiremos aquí ciertos principios que consideremos fundamentales para evitar que perdamos de vista la correcta perspectiva de nuestro enfoque estético en lo que atañe al verdadero espíritu del arte. Y es que la belleza, como ideal, no existe sin el cuncurso espiritual y afectivo del hombre por cuanto es el alma de éste la que asigna valoración estética a la obra de arte. Esta cualidad, implica, empero, cierto grado aceptable de formación integral y de equilibrio emocional como requisitos indispensables para apreciar y valorar las grandes expresiones de la cultura. Tiene que haber la disposición anímica necesaria para que el ser humano pueda incorporar su mente y su espíritu a la dimensión de los valores abstractos y trascendentes. No olvidemos que la realidad, nuestra realidad, es, fundamentalmente, una proyección de nosotros mismos, de nuestra personalidad existencial. De ahí que seamos nosotros quienes fijamos nuestras propias limitaciones a nuestra capacidad de conocimiento. Es por eso que Emilio Zola definía el arte como "la naturaleza vista a través de un temperamento ". En consecuencia, el desequilibrio emocional no solamente es incapaz de alcanzar la trascendencia en el arte, sino que su única realización consiste en trastocar y distorsionar la realidad en términos de aberración y de locura. A menos - y aquí haremos la salvedad - de que se trate de esa locura genial que caracteriza a los grandes forjadores de la cultura.

Pasando ahora a la escultura moderna esta no tiene ningún punto de referencia con la exquisita e intemporal obra de un Fidias, un Miguel Ángel y un Cellini. El estudio de trabajo de un escultor moderno es ahora un taller de metalurgia ya que su "obra de arte" se reduce a soldar trozos de chatarra con una antorcha de acetileno, trabajo que luego expondrá orgullosamente a la venta, a precios exorbitantes, a una clientela tan sofisticada como ignorante.

En cuanto a la pintura contemporánea comenzaremos con reproducir aquí la apreciación crítica de una obra "Abstracta", distorsionada y aberrante, que hace un supuesto conocedor de dicho "arte". La transcripción, que constituye un clásico ejemplo de la apología de lo grotesco, dice así: "Esta obra, llena de energía y de luminosidad, conforma la existencia aerodinámica y una atmósfera monocromática en un intento por conquistar la frontera del espacio." Quienquiera que pudiera interpretarme este galimatías se haría acreedor a una condecoración por su admirable dominio de la disciplina semántica. El célebre crítico argentino J.D. Calderaro en su enjundioso libro La Dimensión Estética Del Hombre nos habla que "la ausencia de estilo y de norma exacerba lo personal que caracteriza al loco y sumerge su obra vesánica en un autismo que, al aislarla de todo contorno personal y cultural, le da apariencias de extraña, ilógica e incomprensible........ Aún cuando la creación artística es una manifestación estética, es tambien un fenómeno psíquico y debe ser estudiada en sus auténticas bases psicológicas........ Si no tenemos en cuenta las características psíquicas y sociales del artista no nos será posible establecer las diferencias existentes entre el arcaísmo de un alienado, el primitivismo o infantilismo de un dadaísta y los detalles, casi esquizofrénicos, de expresionistas y surrealistas..... Lo anímico y lo cultural no pueden separarse en la producción artística .." Pero creo que sería mejor, antes de seguir adelante, que retornemos a los orígenes de la pintura para lograr apreciar, de una manera mas coherente y desde una perspectiva mas completa, el singular fenómeno que surgiera de un inaudito fraude sin precedentes en la historia del arte.

Fue en el siglo XIX que los reyes y la Iglesia dejaron de ser los principales clientes de las artes plásticas. Por ese mismo tiempo desaparece tambien el padrinazgo de los mecenas y es entonces que la enriquecida burguesía pasa a ser la principal compradora de obras de arte. Comienza entonces a proliferar una absoluta libertad de temas y estilos. Surgen así los llamados pintores Impresionistas quienes, secundados por los comerciantes de arte Durand-Ruel y Ambroise Vollard, comienzan a exhibir sus obras al público. La lista la encabezan Degas, Renoir y Zezanne. La abulia artística de los pintores es tal que una vez, al preguntarle a Zezanne qué pensaba enviar a la galería, contestáse despectivamente: "un barril de mierda". Por su parte, el corredor de arte Vollard, cuando alguien le preguntaba qué representaba un cuadro en la exposición, contestara despreocupadamente: "el catálogo dice que un plato de manzanas" sin dejar de leer el libro y de acariciar a su gatito. Después del Impresionismo vino el Neoimpresionismo, el Puntillismo y el Divisionismo. En 1905 el Fauvismo y el 1907 el Cubismo. Luego desfilaron, al compás de la frivolidad snobista de los consumidores, el Neo-Cubismo y el Expresionismo. De 1909 a 1918 aparecieron nuevas aberraciones: El Futurismo, el Neo-Realismo, el Orfismo, el Rayonismo, el Suprematismo, el Constructivismo, el Elementarismo y el Purismo. Dadá aparece en París el año 1920 y presenta su aporte, el Surrealismo, en 1923. La historia del Surrealismo es curiosa. Sus adeptos (un grupo de desertores de guerra) se reúnen en el Cabaret Voltaire de Suiza y proclaman su propia guerra destinada a destruir todos los valores espirituales vigentes mediante el ingenuo y sencillo expediente de reducirlos al absurdo. El nombre de su escuela es tomada al azar del Diccionario Larousse: la palabra DADA que, en el léxico infantil francés, significa "caballito". Publican luego una revista con ese nombre, llena de incoherencias, de protestas sociales y pródiga en insultos. Uno de ellos se vuelve notorio con una originalidad. Envía al Salón de los Independientes su obra dadaísta: un urinario de bar colocado invertido sobre una peña y que tituló FONTAINE con la firma de "Mutt" que en la jerga norteamericana significa "tonto".

Por su parte el Nuevo Surrealismo se definió diciendo: "dejad que el retrasado mental, el ignorante, el incapaz de pensar, pero dispuesto a retorcer los pensamientos ajenos, en cualquier arte, ciencia o literatura, entre en las filas surrealistas." Según ellos se debían quemar los museos, empezando por El Louvre, de acuerdo a los principios de lo absurdo. La gran novedad consistía en representar objetos de uso corriente, ya fuera un reloj o un vaso, doblados por la mitad. Líneas retorcidas terminadas en redondeles, corazones o cruces que sus autores decían representar un nuevo concepto de "estética metafísica". Hasta el punto de que, después de 1945, un periódico parisiense destacaba el insólito hecho de que en París faltaban albañiles y sobraban pintores. Según el diario !había setenta mil "pintores" suministrando cuadros a las galerías!. Quizás la mas acertada definición de lo que artísticamente se pretendía la dió Kandisky al exclamar en Munich: "todo está permitido". Esta perogrullada nos lleva a la reciente historia aparecida en un diario acerca de Peter, un gorila que, en el Zoológico australiano de Perth, se las ha ingeniado para, combinando colores al azar, pintar obras seudoabstractas que su cuidador promociona y vende a los visitantes quienes luego habrán de exhibirlos orgullosamente ante sus amigo como obras de arte moderno.

Pero este ensayo estaría incompleto si omitieramos algunas apreciaciones con respecto a un singular personaje cuya intervención juega un papel crucial en el fomento de la aberración que implica la pintura moderna. Nos referimos, por supuesto, al comprador, ese irredento snobista, diletante, sofisticado, frívolo, o como queramos llamarle, quien es inducido ciegamente por una crítica (irresponsable en su ignorancia) a invertir grandes sumas de dinero en la adquisición de supuestas "obras de arte" las cuales, lamentablemente, ya han adquirido carta de ciudadanía en la loca feria de consumo de nuestras vanidades insaciables. Este fenómeno obedece, en gran parte, al típico carácter irreflexivo, snobista y carente de valores estéticos del apacible burgués de nuestro tiempo. Es ciertamente motivado por su manifiesta incultura que nuestro ingenuo personaje se ha convertido en el moderno mecenas de la mediocridad artística institucionalizada. Esta última, habiendo convertido el arte en una rentable industria, ha traicionado, quizás sin conciencia plena de la magnitud de su crimen, los antiguos y consagrados cánones de belleza, contribuyendo de esta manera a deformar el sentido estético de ésta y las futuras generaciones. Y es entonces que - al no lograr vislumbrar nosotros ninguna posibilidad de un renacimiento que restaure el derecho y la primacía de los antiguos ideales artísticos traicionados y desecrados por la estulticia fenicia de los piratas de la cultura-nos atrevemos a preguntarnos, con no poca preocupación, si es que acaso, ya sin remedio, su Majestad el Arte agoniza........


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