EMBAJADA DEL JAPON EN NICARAGUA

 

Excelentísimo y Reverendísimo
 Monseñor Andrés Di Montezémolo
Nuncio Apostólico
Decano del Cuerpo Diplomático
Managua.

 

 

Reverendísimo Monseñor.

Managua, 4 de diciembre de 1985

Tengo el honor de dirigirme a Vuestra Excelencia Reverendísima en esta oportunidad para referirle lo que en mi opinión personal puede calificarse como un tipo de milagro, del cual fuimos testigos su servidor, y otros funcionarios de la Embajada del Japón. El 25 de Julio del año corriente, nos dirigimos a Cuapa, Chontales con el objeto de visitar la ermita de esa ciudad. Había llovido desde tempranas horas de la mañana. Visitamos dos veces, por la mañana y por la tarde, la ermita en el lugar donde apareció la Virgen María a Bernardo Martínez. Por la tarde, regresamos al mismo sitio y observamos que continuaba lloviendo levemente. Justo antes de las 3:00 de la tarde, la lluvia cesó de improviso y las espesas y oscuras nubes que cubrían el sol se apartaron y el sol apareció de entre ellas. Al mismo tiempo, empezó a soplar una agradable brisa.

Entre las nubes pude apreciar lo que me pareció la esbelta imagen de una figurahumana. Entonces, hacia las 3:20 de la tarde, el sol se tornó en un rojo intenso, como la sangre (era aún demasiado temprano para una puesta de sol). Cada una de las personas del grupo: la Doctora Michiko Nonoyama, escritora japonesa y profesora de una universidad en Japón, Guadalupe de Morales, mi secretaria y Ramón Alvarez, mi chofer, que me acompañaban, observaron este fenómeno de sol que duró hasta las 3:25 de la tarde, momento en el cual el astro solar fue cubierto nuevamente por espesas y oscuras nubes, que permanecieron así el resto de la tarde.

Mientras oraba a la Virgen María en ese pacífico lugar, en la ermita de Cuapa,la imagen de la Virgen María fue envuelta por una luz muy brillante y azul. En ese momento recibí una inspiración, como si la propia Virgen María me dijera: 'Trabaja por la Paz en Nicaragua.

Por lo tanto, aún siendo budista-sintoísta, no Cristiano, decidí trabajar por la Paz en Nicaragua, inspirado por esa llamada vocacional recibida en el bello lugar de Cuapa.

Deseo expresarle, Reverendísimo Monsenor, que esta llamada es lo que me anima a continuar reuniendo esfuerzos para llevar la paz a este atribulado pueblo.

 Atentamente,