EL HILO AZUL: POEMAS


     

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Ninozka Chacón.

  

SUSPIROS

Con un suspiro,

Se nace a la vida.

En suave suspiro

Viene la muerte;

En suspiro y suspiro

La primicia candente

de un beso,

y en cortados suspiros

" la entrega "se vierte.

Suspiro cuando te miro,

(Suspiro)..

Cuándo vendrás?.

Con suspiros te recuerdo,

Te extraño y te vas.

Por uno de tus suspiros

En mi boca incrustado,

Mi amor por ti galopa

En blanco unicornio

De cuerno dorado,

Y cuando partes,

Vida mía,

Con gemidos y suspiros

Te lloro, te extraño,

Te ansío, te aborrezco,

Y te Amo.

(….suspiro….)

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Ninozka Chacón.

LA TIERRA SE REVIENTA DE SED

La tierra está sedienta,

Y su piel se escama de dolor.

Con el pasar de los siglos

Sus entrañas de agua

Hoy revientan en lava,

Vomitando en sangre

su Sed

y Soledad.

Sube un aliento fétido y azufroso

Al "smog" del pálido cielo,

Un pájaro canta en una rama

Con trinos agoreros;

Es un gemir postrero

Que lanza al caer al suelo,

Con el pico roto

Y su mirada de hielo,

Aleteando de hambre,

Sed

y Soledad.

Aún existen ancianos

Que les brillan los ojos

Cuando ven en su mente

Recuerdos de alborada,

y cuando los abren,

llenos de ansiedad

por ver la realidad,

desean la muerte

en sus secas pieles

terrozas y arrugadas,

llenos de hambre,

Sed

y Soledad.

Cuando era niña

Jugaba con la tierra

Haciéndola lodo con agua,

formando casitas y niños;

Un mundo de animalitos

Y asientitos de negro barro.

El hoy es de mujer esforzada

Que ha dejado su alma libre

Como una mariposa,

De dulce y transparente

mirada.

Vivo llena de esperanzas

Por una mejor vida,

Una nueva alborada

Para mis hijos y la tierra.

Fuerte árbol quisiera ser,

Muy verde y frondoso,

con profundas raíces

Clavadas en la seca hierba,

Para beber toda el agua

Que aún debe de existir

En lo profundo de su vientre.

Son esas vertientes

Que ayudarán a los sobrevivientes

De este mundo,

Para no seguir soportando

Ni hambre
Ni Sed
Ni Soledad.

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Ninozka Chacón.

MONOLOGO

Tengo sueño, mucho sueño,

Ya me quiero ir a dormir.

Cabalgar en mi almohada de lino

Hacia un mundo pequeño

Que aún me queda por descubrir.

¿Y si mi "Caja de Pandora"

permaneciese cerrada?

¿Cuantos males no saldrían,

cuantas cosas se evitarían

si quedara cerrada?.

Soy camino mañanero

Que busca en la tarde de los ríos

Sus reflejos sencillos.

Voy buscando de la noche

El reposo interminable

De una tumba fría.

¿Y cuando mi cuerpo bajen

al polvo del polvo

de una bóveda infame,

me recordarás amor mío,

algún día, con amor…, con ira..,

en este final de mis días?,

Y habrá aún …quien me ame?

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Róger Mendieta Alfaro

AL MARGEN DE UN TESTIMONIO

(Con acompañamiento de Frank Sinatra)

A Danilo Guido

A Eugenio Martín Guido, Piricuaco de la Revolución:

A Procopio Máximo Jerez, Perro de la Contra:

¿Cuál Revolución...? ¿Cuál Contra...?

¡El mensaje que tuvieron fue que se estaban matando...!

Mensaje de fuego y de terror. Rabia incandescente,

asfixia en el olvido. Al comenzar fueron horas,

luego semanas y meses. Todo, lleno de promesas.

Al internacionalista Pascual Smith le gustaba Frank Sinatra:

"Es lo valioso en las voces del Cincuenta", sonreía.

Fue reclutado en México. Llegó hasta Pancasán.

Su novia, Juanita Meredith, le había quedado esperando.

Le prometió volver a los seis meses y ya llevaba un año.

Al fin cumplió su palabra: bolsa plástica y ataúd de pino.

Armoniosa estructura al tomar forma el grito de la soledad.

El real grito del fusil: la muerte galopando siempre,

sobre indeterminados determinismos del general Butaca

-el Pontificio General, Embajador de Satán-

con seiscientos sesenta y seis estrellas sobre la solapa gris.

Habían soñado por años que cambiarían las cosas.

El corretear por la escuela en búsqueda de matrícula:

uniforme, cuaderno, libro, Partida de Nacimiento: 30 pesos,

Certificado de Policía: 50 pesos. Lleno casi siempre el cupo...

"La educación primaria es gratuita y obligatoria".

De una Ley habla la Constitución y el Ministro tiene la propia.

En el Servicio Militar no hay que pagar tarifa para el ingreso:

Es patriótico, es voluntario –voluntario con amarras-

como afirman del caudillo aquél, del busto en el cementerio.

Unica condición: Tener en buen estado el dedo del gatillo

-izquierdo o derecho- En la hora de la guerra el dedo no tiene partido.

Eugenio Martín: Piricuaco de la Revolución.

Procopio Máximo Jerez: Perro de la Contra. ¿Cuál Revolución...?

¿Cuál Contra...? La elemental biografía de estos muchachos.

"Pasó el tiempo, la cosecha comenzaba a levantarse. Mi compadre no volvía.

Una tarde encontré a mi hija muerta en el río, con los senos cortados,

Quizás habría sido mi compadre, porque ella no soportaba estar sola".

En medio de inenarrable angustia se abrazaron a sus cadáveres:

A sus propio cadáveres como anticipación de la entrega.

Martín, Esteban, Procopio: Comandante Cabra –le decían-

por los prodigiosos saltos con que ganaba la trinchera.

Martín, depauperado estudiante del Barrio San Judas,

nacido para dote púrpura de la guerra, igual que Procopio,

indio macilento, desdentado, silencioso, de las riveras del Wawa,

que perdió a sus cuatro hijos y la mujer en el cruce del Danto,

dónde a lo mejor –si es que tuvo cojones- bajó Satán en persona.

Llegaron a Pantasma. Era una fila de uno, más uno, más uno...

algunas veces, contábamos uno menos que había caído en la marcha,

y otras, sumábamos dos o más, que se unían al batallón.

Martín pensaba que Pantasma era nombre macabro,

asunto de muertos, tenebroso, de montañas oscuras

con árboles de ramas inmensas que bajaban hasta el suelo

tocando las casas como si fueran un piano.

Fueron puestas a prueba sus sospechas:

Por vez primera saboreó la runga,

entrando por el Cerro del Venado,

altísimo, oscuro, dándose unos con otros patinaron en las laderas,

cayeron hasta el fondo de la trocha en la que estaban los perros.

El estrepitoso silencio rugió como león en el M-79, de la Contra.

¡No pienses dos veces! ¿Para qué? Deja que piense otro por ti.

¡El RPG-7, por ejemplo, es genial consejero a la hora de la muerte!

¡Se carcajeaba, Jerónimo...! Martín no sabía porqué.

Chombo apenas tendría 17 años, atlético, valiente, algo descentrado

–carnada de tiburón para el Servicio Militar- como gustaban a Berríos,

Jefe del BLI, que se jodía junto a nosotros y nos trataba como a hombres.

"Te juro, hermano, que fue una brutal carnicería".

Toda la noche pegado al cañón del fusil esperando el amanecer.

De vez en cuando, una ráfaga silenciosa en el sospechoso rumor del río:

Todo en el ámbito de la vigilia te suena a pasos, enemigos que tienden cercos,

formando círculos de fuego para achicharrarte al alba,

para hacerte creer que eres mierda y que perdiste la guerra.

Yendo a Boca de Vilán, todavía fresco, sin hormigas en los ojos,

encontré el cadáver de El Chaparro, compañero de colegio.

Se llamaba Julio, y era como mi hermano.

Pertenecíamos al mismo equipo de béisbol y se creía Denis Martínez.

"Nada más que chaparro" –le decía en bromas-. "Pero con huevos –reaccionaba-

que quizás no los tenga el Pitcher..." Y se los tocaba con la punta del guante...

Me sentía extraño de ver al hermano muerto,

pensé que a lo mejor una bala disparada por mí lo había aniquilado:

bala asesina como la que mató a Sandino.

Intenté cerrarle los ojos, pero quedaron igual que antes.

Pensé que los muertos de guerra no tienen quien cierre sus ojos.

Lico y Simeón observaban sonrientes cuando seguían avanzando.

Algunos buscan cualquier cosa en las bolsas de los soldados caídos:

un cigarrillo, un dulce, unos pesos que podrían servir para algo.

Yo busqué el resfilón de bala que tenía en el hombro,

que recibió en el cauce de Altagracia al insurreccionarse Managua.

Y allí estaba el santo y seña de El Chaparro:

Revolucionario antes, Contra ahora -distinta mona con el mismo rabo-

caído en la montaña, víctima del síndrome de la guerra,

huyendo de su tiempo de vivir en la propia calle de su amargura.

Me dije que no podría ser que El Chaparro fuera un perro.

Los perros carecen de sentimientos. No dan lo que les hace falta.

El Chaparro sacó dinero de su bolsillo para pagar mi matrícula escolar.

No piensan por otros ni traen maíz del molino para que la madre eche tortillas.

Nuevos combatientes gritaron consignas con la misma euforia del regreso.

A la hora del combate fue distinto: con el rostro clavado en tierra,

disparaban acostados, sin ver. No acataron la orden de avanzar.

Nombraron a Martín, Jefe de Escuadra, y entonces lo siguieron, tranquilos.

Claro que no querían morir. No desean morirse ni los que están muriendo.

En el horizonte las brumas en las montañas parecen humo de barcos.

Uno se pregunta ¿Cuándo...? ¿En dónde...? ¿Por qué?

Llegar a la conclusión que sólo quedan dos caminos:

el de regreso a casa, y el otro... ignorado, que no se sabe adónde.

A la Revolución le dieron vida Los muchachos...

Fue su nombre de pila, su propio nombre. Fue parida por ellos.

Los Muchachos fue el Registro Social de su Partida de Nacimiento.

Pero los viejos marxistas que no eran marxistas ni eran nada,

más que simplemente viejos, con exhibicionismo de poder,

secuestraron y ahogaron a la Revolución de Los muchachos,

la transformaron en una publicitada cárcel sin nada,

condenándola a vivir de la vergüenza internacional,

y permanecer con la mano estirada por siglos de los siglos.

¡Eso no lo borra el tiempo! El tiempo no perdona nada ni a nadie...

Eugenio Martín Guido, Piricuaco de la Revolución:

Procopio Máximo Jerez, Perro de La Contra:

¿Cuál Revolución...? ¿Cuál Contra...?

Que te mataron –dicen ellos-, porque no llevas

uniforme de campaña, sombrerito, fusil y pechera.

No saben que estás en la exploración, la escuadra

de asalto, la emboscada, o el río del cielo,

viendo a las muchachas bañarse.

No sé quién te mató... Quién esculpió tu epitafio.

En la Plaza Intercontinental encontré a Chico

-viejo amigo de Chombo y de Pablo –alias Carne Asada-.

Me dijo que estaba tan sordo como una tapia

y que todavía no se quitaba de encima la guerra.

(VOLVER)


 


    

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