CONVERGENCIAS Y DIVERGENCIAS


     

Indice



 

Zenobio Saldivia M.

LA VISION DE LA NATURALEZA EN EL DISCURSO DE CLAUDIO GAY Y RODULFO A. PHILIPPI. *

   

La ciencia en Chile principia a tener un corpus teórico, continuo y definido, desde la tercera década del siglo diecinueve. Ello porque a partir de este período se observa una actividad de la Historia Natural, con el propósito de alcanzar un adecuado conocimiento del cuerpo físico del país. Por otra parte, a partir de esta época, comienzan a aparecer diversas instituciones educacionales, que refuerzan indirectamente la necesidad de desarrollar la actividad científica.

Lo anterior, descansa a su vez, en una política visionaria de los gobernantes chilenos decimonónicos, en lo referente a impulsar la ciencia comouna forma de contribuir a la tarea fundacional. La expresión más visible de esta política es la contratación de sabios extranjeros. Es en este marco político, social y cultural,donde se produce el arribo al país de naturalistas como Claudio Gay (1828), Rodulfo A. Philippi (1851) y muchos más; los cuales son contratados para realizar tareas de exploración e investigación científica.

El aporte de Gay.

La obra de Gay es extraordinariamente vasta, pero recordemos al menos su condición de fundador del Museo Nacional de Historia Natural (1830), y de la enorme tarea taxonómica que realiza al clasifiocar la casi totalidad de los especímenes de la flora y fauna nacionales. Dicha labor es equivalente a presentar la naturaleza del país a la comunidad internacional. En esta comunicación centraremos la atención justamente en el rol taxonómico que desempeña el sabio francés y su visión de la flora y fauna chilenas.

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* Dedicado al Dr. Jaime Incer Barquero, como un modesto reconocimiento desde Chile a su tarea de búsqueda de las características y peculiaridades del cuerpo físico nicaragüense, en la prosa científica de viajeros y exploradores científicos que recorrieron centroamérica entre los siglos XVI y XIX.

Para realizar la labor de clasificar el mundo orgánico del Chile decimonónico, Gay cumple ciertas exigencias metodológicas y gnoseológicas propias del paradigam de trabajo de las ciencias de la vida, existentes en la época. En efecto, Gay concibe la ciencia como un dominio de la racionalidad, de carácter descriptivo, explicativo y

nomológico, que da cuenta de los distintos procesos, fenómenos y entidades existentes en la naturaleza. Y estima que esta actividad de apropiación cognoscitiva, debe ser al mismo tiempo, de carácter utilitario; esto es, que debe servir a los propios moradores.(1)

Para alcanzar el carácter pragmático de la ciencia, se requiere previamente, la organización y estudio sistemático de los sabios sobre la naaturaleza del país. Esto es una forma de sugerir la institucionalización de la ciencia en la joven república, y al mismo tiempo, es la presentación de un télos: la vinculación ciencia - naturaleza. Al respecto, Gay señala: "Los infinitos seres naturales no podrán perfectamente conocerse sino luego que los sabios del país hagan un especial estudio de ellos."(2)

Imbuido de esta concepción realista y pragmática, Gay recorre el país desde Atacama hasta la zona austral, durante doce años;: luego regresa a Francia (1842) para ordenar y preparar la edición de su monumental Historia Física y Política de Chile, obra de 26 tomos, donde presenta las formas de lo viviente existentes en el país. Conjuntamente con ello publica su Atlas, que en dos tomos, trae a presencia los aspectos sociales y costumbristas de la joven república de Chile; así como también hace constar con ilustraciones especializadas, los exponentes endógenos de la flora y fauna nacionales.

La explicación científica en Gay, consiste en nominar los distintos objetos de estudio taxonómico, describirlos minuciosamente y elucidar las interacciones recíprocas entre los mismos; esto con la finalidad de llegar a descubrir el encadenamiento de causas y efectos entre los exponentes del mundo orgánico en general.

Para alcanzar un mayor nivel de objetividad en el proceso cognoscitivo, Gay cumple dos fases complementarias de la investigación científica decimonónica: Primero va directamente a los observables, asumiendo un rol de explorador; esto es, el apoyo empírico. Luego recurre al marco teórico vigente: esto es, a los cánones

taxonómicos en boga en las comunidades científicas europeas, para la jerarquización y descripción sistemática de los exponentes de la flora y fauna chilenas. Tales cánones corresponden principalmente al modelo taxonómico implantado por Linneo y su concepto esencialista de la especie. Empero, en muchos casos, algunos especímenes de carácter endógeno, no tienen referente conocido y el sabio francés debe atribuirles una clasificación original.

En el contexto discursivo de Gay, la ciencia es concebida como una forma de elucidación de los datos del mundo, de acuerdo a leyes que los rigen y que muestran como están concatenados unos objetos con otros. La aprehensión cognoscitiva descansa así, en el determinismo causal que se hace extensivo a todo el universo natural. Ello previa constancia de los beneficios que tales objetos de investigación, pueden reportar a un país en plena tarea fundacional. Es la nota utilitaria y positivista que complementa la visión de la explicación científica del naturalista francés."Positivismo y espíritu se daban la mano para creer que no existían límites para el progreso y la razón, que la historia tenía necesariamente una finalidad y que avanzábamos ineludiblemente hacia algo mejor".(3) Este ideario positivista es parte del paradigma en el cual se sitúa Gay, desde mediados del siglo XIX.

El discurso científico de Gay, contempla diversas categorías conceptualess vigentes y proposiciones que van dando cuenta de las propiedades que poseen las distintas especies zoológicas y botánicas; así como las vinculaciones recíprocas y de los habitats de las mismas. Es posible observar la siguiente parsimonia explicativa para clasificar a cada espécimen:

 

1. Denominación taxonómica.

2. Descripción de las características más relevantes.

3. Nombre vernáculo.

4. Descripción minuciosa del observable.

5. Nota al pie de página.

Lo primero es equivalente a la atribución nominativa del individuo que se clasifica (en latín). Lo segundo, corresponde a la determinación de las características más notorias del ser vivo (también en latín). La tercera etapa, deja constancia de la moninación popular de la especie en cuestión; la penúltima, describe exhaustivamente las propiedades del objeto de la clasificación. Y la última, es equivalente a una sinopsis de la explicación que poseen los lugareños sobre la especie en cuestión; v. gr.:

"Otaria porcina"

O. dentibus incisoribus superiobus sex; caninis remotioribus, conicis, maximis; corpore fusco cinnamoneo, subtus palliddiore; extremitatibus nudiusculis, nigrescenttibus; pedum posteriorum digitis tribus, intermediis unguiculatis,, apendicibus longis linearibus terminatis.

 

O. Porcina Desmar., Mam., p. 252, -O. flavenscens? Poepp. Fror. Not., 1829, Nº 529 -O. Molinae, Dic. class. - O. Ulloae? Tschdi, Maamm. Cons. Per. - Phoca Porcina Mol.

Vulgarmente llamado Lobo de Mar ó Toruno, y Lame ó Uriñe entre los indios.

Cuerpo algo anguloso en los costados, de un bruno canela, más pálido por bajo, y de seis á siete pulgadas de largo. Cabeza redonda; ojos grandes; orejas pequeñas y cónicas: boca rodeada de bigotes de un blanco sucio, muy derechos y espesos. Pi´´es negruzcos, glabros y arrugados. Cola muy corta...

___________

...Estos animales son sumamente útiles, puesto que los machos dan hasta cuatro galones de aceite y las hembras cerca de dos, con el cual se alumbran en las tiendas, particularmente en Chiloé, y casi todos los habitantes del campo no tienen otro de que servirse, llenando una candileja, en la que ponen una mecha, y colocándola enseguida en uno de los rincones de su habitación."(4)

En otro tomo de su Historia Física y Política de Chile, Gay señala:

"Ixodes ricinus

I. flavo sanguinneus; abdomine ovato, lateribus marginatis, subvillosis.

Vulgarmente garrapata.

Cuerpo subvelloso, de un amarillo morenuzco ó rojizo, producido por la sangre que chupa, almenado en su parte posterior, y encima con cinco manchas radiosas; patas y apéndices morenuzcos.

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Este Ixodo se halla parásito en los Perros y Bueyes. Le dan el nombre de garrapata."(5)

De esta manera, Gay va clasificando los distintos exponentes de la naturaleza del país, logrando una sistemática más completa que las anteriores. Con el procedimiento de incorporar al pie de página, el conocimiento vernáculo, va acercando dos mundos: la naturaleza y el conocimiento popular; dicho recurso metodológico no afecta al paradigma taxonómico imperante, pero denota una búsqueda más integral en la aprehensión cognoscitiva; contemporáneamente podría decirse que es un intento de construcción cognoscitiva tridimensional, puesto que incluye: el objeto de estudio (flora y fauna chilenas), un sujeto aprehensor (el científico francés) y un alter -ego (la opinión de los lugareños) que actúa como referente complementario.

En síntesis, la construcción taxonómica de Gay, corresponde a un esfuerzo cognoscitivo que permite incorporar definitivamente las formas endógenas de lo viviente en Chile, al campo de la ciencia universal. Dicha tarea es también un supremo esfuerzo de autognosis, puesto que de esta forma el país logra una información actualizada de los especímenes de su flora y fauna y de las posibilidades de su exxplotación o industrialización posterior. Así, Gay muestra un mundo, la flora y fauna chilenas ordenadas sistemáticamente; pero también nos deja un legado, una manera de ver nuestro entorno natural: el asombro por la biodiversidad y la ansiedad por usufructuar positivamente de tales formas vivientes en aras del progreso material y espiritual. Es su manera de colaborar en el período fundacional de la república.

El aporte de Philippi.

Rodulfo Amando Philippi (1808-1904), nace en Berlín, realiza sus estudios en Alemania y Suiza. Se recibe como médico cirujano en 1830, pero dedica su vida a las ciencias naturales; principalmente a la botánica. Llega a Chile en el año de 1851, en el marco de una política de contratación de científicos extranjeros, que vienen ejecutando los gobiernos del período, para incentivar el desarrollo de la ciencia y modernización del país.

Entre sus obras destacan: Viaje al desierto de Atacama (1860), Plantas Nuevas Chilenas ( 1893 - 1894), Los fósiles secundarios de Chile (1899), Los fósiles terciarios y cuaternarios de Chile (1887) y Elementos de Historia Natural (1885). A ello hay que adicionarle una vasta producción de artículos sobre la flora y fauna nacionales, que aparecen en los Anales de la Universidad y en la Rev. Chilena de Historia Natural.

En 1853, el gobierno chileno, consciente del desconocimiento de la zona norte del país, desde el punto de vista de la orografía, de la geología y de la flora y fauna de la región; encarga al naturalista Philippi que explore el desierto de Atacama, para dar cuenta de dichos tópicos. Los informes servirían para precisar los límites con los países vecinos, y para formarse una idea más acabada sobre las riquezas naturales de la zona.

Lo anterior, es el comienzo de una serie de viajes por el territorio nacional, que permiten al sabio alemán, tomar contacto con las formas de lo viviente en Chile. Así, recorre más tarde los bosques de Valdivia, Llanquihue, Valparaíso, El Valle de Aconcagua, Santiago, Chiloé y las islas Quiriquina y J. Fernández, entre tantos lugares. En todos ellos, Philippi recoge fósiles, confecciona herbarios y trae cuanto espécimen pueda encontrar; sea para dejarlo en el Museo Nacional de Historia Natural, o sea, simplemente para clasificarlo. Esta parece ser su forma de encontrar al abigarrado mundo de la naturaleza del Chile decimonónico. Es su encuentro con las aves, mamíferos, coleópteros, crustáceos y otros exponentes del cuerpo físico del país, no bien conocidos aún; de plantas cuya existencia pasaron desapercibidas a Gay y otros naturalistas; de huellas del pasado geológico no observadas todavía; en fin, Philippi es el develador de la naturaleza olvidada.

Así, por ejemplo, con respecto a las plantas desconocidas del Chile del siglo XIX, da cuenta de ellas, en su obra: Plantas nuevas chilenas. Destaquemos de entre éstas a las crucíferas: cardamine ovata, cuyo habitat es la región de Palena, y la cardamine rostrata que habita en la región de Valdivia, y la cardamine integrifolia de las termas de Chillán. Y dentro de la familia de las Gypsophil; presenta a la gypsophilia chilensis, que habita en Aconcagua.(6) Dentro de la familia de las Rámneas, incluye a la retanilla mölleri, que habita en Renaico. Y dentro de las Papilionáceas, hace constar a la anartrophyllum brevistipula, que habita en Linares.(7) Y así sigue sistemáticamente en los distintos tomos de la obra, que incluyen millares de especímenes.

Con respecto a los mamíferos, destaca a una nueva especie de zorra: la cannis domeykoanus, que habita en la provincia de Copiapó.(8)

Su riguroso espíritu observador, le reportó muchas satisfacciones en el ámbito de la ornitología; asípor ejemplo, en 1861, conjuntamente con Landbeck, identifican a una nueva especie de aves marinas, que denominan thalassidroma segetthi. Th. et al. Dichas aves se caracterizan porque parecen correr sobre las olas.(9)

En su exploración por los bosques de Valdivia, también en 1861; encuentra muchos coleópteros, dípteros e himenópteros, que no habían sido vistos todavía en Chile. Entre los himenópteros por ejemplo, describe un individuo del género pelecinas (10)

En cuanto a los crustáceos, destaca al camarón de Coquimbo (bithynis longimana Ph.), que es muy estimado tanto por su comida como por su peculiar anatomía, puesto que posee un segundo par de patas muy fuertes que terminan en grandes tenazas desiguales.(11)

En fin, los ejemplos anteriores, ilustran el esfuerzo taxonómico sostenido por el científico alemán, en el plano de la sistematización de lo viviente en el país. Ello dentro del marco de una naturaleza cuyos principales exponentes ya habían sido descritos; empero la propia movilidad de la biósfera y la existencia de muchos especímenes de la flora y fauna , que no habían sido observados por lo impenetrable de los bosques en las décadas de las exploraciones de Gay, son ahora el universo que aborda Philippi.

Desde el punto de vista de su percepción de la naturaleza , más exactamente del modo de abordar los objetos de estudio taxonómico; Philippi, al igual que Gay, sale al encuentro de la diversidad de las formas de lo viviente, existentes en el país. Por ello, percibe in situ el dinamismo de la naturaleza autóctona abigarrada del Chile decimonónico; de este modo entra en la diversidad misma de la flora y fauna y logra clasificar millares de plantas, descubre nuevos especímenes de la faauna endógena, e identifica fósiles de las distintas épocas geológicas existentes en el corpus físico del país.

Lo anterior, significa una aportación taxonómica considerable, que favorece un incremento cualitativo en el ámbito de las ciencias que estudian el mundo orgánico e inorgánico, v. gr.: la botánica, zoología, geología, paleontología, geografía de las plantas y otras. En otro plano de asuntos vinculados al paradigma de trabajo de las comunidades de estudio de la Historia Natural, Philippi es extraordinariamente pragmático; por ejemplo, sugiere la concisión para la identificación y descripción de los exponentes de la flora y fauna chilenas, pues esto ayuda a una mayor objetividad y rigor. Justamente en este plano, critica a menudo a Gay porque en el discurso taxonómico de éste, habrían repeticiones odiosas de los caracteres genéricos de los individuos que va tratando; todo lo cual, según Philippi, dificulta la distinción de las especies en vez de facilitarla.(12)

Por otra parte, su espíritu conservador en lo referente a los procedimientos de adquisición cognoscitiva y su alejamiento de las comunidades científicas europeas, lo llevan a no aceptar la teoría de la evolución de las especies, manteniendo esta posición durante toda su vida. Ello es paradójico, pues Philippi explicita claramente como se habrían producido alteraciones o modificaciones en algunas plantas y otros seres vivos, como resultado del proceso de colonización; esto es, de la incorporación de nuevas especies principalmente de la flora al medio natural, durante el largo período colonial, y sus implicancias en otros especímenes endógenos. En tales modificaciones el sabio alemán, no ve un proceso continuo de evolución de lo viviente; sino que interpreta dichos fenómenos, como la aclimatación de animales y plantas al cuerpo físico de Chile.

En cuanto a la estructura de su dicurso científico, éste se ajusta a los requerimientos propios de la taxonomía, que priman en las últimas décadas del siglo decimonono. En rigor, la identificación, descripción y sistematización en general, de los especímenes de la flora y fauna chilenas, es muy similar a la de su antecesor francés, Claudio Gay. Las notas características de su discurso científico, son la extrema concisión para dar cuenta de las propiedades de los individuos que se clasifican, y la falta de notas explicativas al pie de página, que den cuenta del conocimiento vernáculo sobre el espécimen en cuestión; v. gr.:

"Stellaria Axilliaris. Ph.

A. glaberrima, ramosissima, cespitosa; foliis lineauribus, utrinque attenuatis; pedunculis axillaribus, unifloris, folium aequantibus; petalis angustis, bifidis, sepala ovato-oblonga aequantibus, capsula calycem vix superante.

In insula orientalis Fuegiae. Februario 1879 lecta.

Esta planta forma céspedes mui tupidos de altura de 20 milímetros. Los tallos son delgados, casi filiformes, y sus internodulos comunmente del doble largo de las hojas, que suelen medir 13 milímetros de longitud y 1 a 1 ½ milímetros de ancho. Los sépalos miden 5 milímetros, muestran tres nerviosidades y su borde es anchamente escarioso. De los sobacos de un nudo, el uno produce una flor y el otro una rama".(14)

O bien, en otro contexto taxonómico, Philippi señala:

"Spergularia tenella. Ph.

Sp. parvula, glanduloso-viscosa; caule protrato, radicante, ramis adscendentibus, c. 4 cm. altis, paucinodis bifloris, foliis inferioribus confertis, filiformibus, mucronatis, internodia superantibus; stipulis dimidio internodio longioribus; pedunculo altero nudo, altero vix longiore bifloio; petalis sepala aequantibus.

Ad montem Antuco invenit H. Volckmana loco dicto El ollo (El Hoyo?)

El tallo apenas es más grueso que medio milímetro, las hojas tienen a lo más 7 milímetros de largo, los sépalos 4 milímetros; no hay ningún fruto".(15)

Las citas anteriores ilustran la prosa científica de Philippi, la cual incluye cadenas estructuradas de proposiciones -primero en latín y luego en español- con las cuales va describiendo y tipificando, las formas de la flora y fauna chilenas, para incorporárlas a la ciencia europea. Esta extensa sistematización realizada por Philippi, complementa la tarea taxonómica ya iniciada por Gay, que consiste en incorporar el mundo de lo particular a la ciencia europea, a la ciencia universal.

La tarea taxonómica realizada por Gay y Philippi, nos han dejado una forma peculiar de aprehender y concebir el cuerpo físico de Chile, que ha llegado hasta nosotros, los ciudadanos del Chile contemporáneo.

De la labor realizada por Gay y Philippi, podemos colegir que para estos autores, la naturaleza es concebida como un cúmulo de cosas corpóreas y de fenómenos vinculados a los procesos de la vida, con una clara expresión de las peculiaridades, tanto de los exponentes orgánicos como inorgánicos, así como de las interacciones de los mismos.

Por ello, no es extraño que en el discurso científico de los autores mencionados, la naturaleza se presente como un universo peeculiar donde prima la más amplia diversidad de los exponentes de la flora y fauna, que no se da en otras partes del globo.

Así, el carácter vernáculo de la naturaleza, es insistentemente señalado por Gay y Philippi, como una de las notas constitutivas de nuestro medio, y tal reconocimiento de lo vernáculo, de la gea, flora y fauna chilenas, llega hasta el asombro; esto principalmente cuando los autores seleccionados comparan ciertos animales o plantas de nuestro país con otros de los mismos géneros de Europa.

Empero, también este universo natural es concebido al mismo tiempo como un reservóreo para los requerimientos de una sociedad creciente. Desde esta perspectiva complementaria, el entorno es visualizado como un gran contexto, como un referente externo al cual lentamente va penetrando y dominando el chileno decimonónico y que le permite contar con una suficiente provisión de recursos para las satisfacciones de las necesidades de la población nacional, de algunas regiones de Estados Unidos y de ciertos países europeos.

Dicha mirada decimonónica, por tanto, nos ha entregado una idea de naturaleza concebida como un gran referente orgánico e inorgánico, dinámico, bullente y poseedor de vastas expresiones endógenas . De una flora y fauna preñada de recursoso, que está ahí ante los ojos de los lugareños para que estos osen penetrarla; es el gran universo que al conocerlo y develarlo con la ayuda de la ciencia y la tecnología, los connacionales puedan obtener el máximo bienestar material y espiritual. Ello previa racionalización y ordenamiento de la labor de explotación de los recursos .

Así, nos hemos quedado con una visión de la naturaleza como medio para satisfacer las necesidades de la cultura material y espiritual del país. Luego, parte del ideario positivista decimonónico se ha quedado en nosotros mismos, que está frente a nosotros con su acervo de riquezas que hay que arrebatar. Ahora, lejos del tiempo en que el conocimiento de la naturaleza era una forma de contribuir a la construcción política del país, los chilenos podemos preguntarnos ¿no habremos exagerado el énfasis en la explotación de nuestra naturaleza, olvidando el equilibrio que tácitamente sugerían los propios sabios europeos, cuando hablaban de bienestar social y espiritual?

 

Notas

1. Cf. Gay, Claudio: Agricultura chilena, Ed. Facsímil, Stgo.,1973. (1ra De. 1862) p.14.

2. Ibídem.,pp. 14-15.

3. Israel, Ricardo: "Luchando por nacer: la comunidad científica en Chile", Ciencia y Tecnología, F. Mönckeberg Editor, Stgo., 1989, p.97.

4. Gay, Claudio: Historia Física y Política de Chile, Zoología T. I, 1847, Impr. M. et Renou, París, pp.74-75.

5. Ibídem., Zoología, T. 4, 1849, p. 46.

6. Philippi,R.A.; Plantas nuevas Chilenas, T. I. Impr. Cervantes, Stgo., 1893, p.70 y siguientes.

7. Ibídem., T. II, 1894,p.9

8. Philippi,R. A.: "Nueva especie chilena de zorras", Anales de la Universidad, T. CVIII, 1901, Vol. I., Stgo.

9.Philippi, R.A.: "Descripción de una nueva especie de pájaros del género Thalaassidroma" (Philippi-Landbeck), Anales de la Universidad, T. XVIII, Stgo., 1861, p.27 y ss.

10. Philippi, R. A. : Anales de la Universidad, Ibid.,p.22.

11. Philippi, R. A.: Elementos de Historia Natural, Stgo., 1885, p. 178.

12. Philippi,R. A.: Plantas Nuevas Chilenas, T. I., op. cit., p.65.

13. Cf. Márquez B., Bernardo: Orígenes del darwinismo en Chile, Ed. A. Bello, Stgo.,1982, pp.21-26

14. Philippi, R. A.: Plantas Nuevas Chilenas, T. I., op. cit., p. 762.

15. Ibídem., p.766.

 

Presentado en el V Seminario Internacional en Cs. Sociales y Humanidades, Instituto IDEA, USACH, Santiago, Chile, Enero de 1999.

E-mail: zsaldivi@omega.utem.cl


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Alejandro Serrano Caldera.

EL INTELECTUAL Y EL PODER

 

La relación entre el intelectual y el poder ha sido un drama, cuando no una tragedia.

Sócrates, el fundador de todas las ideas que aun gobiernan el mundo y rigen la vida contemporánea, muere por defender la democracia contra la tiranía y por sostener hasta sus últimas consecuencias una ética que lo lleva a rechazar el plan de fuga que le proponen sus discípulos, según consta en el último y más desgarrador de sus Diálogos recogido por Platón.

Platón llamado el divino, es su antítesis. Consejero oficioso de gobernantes, descendiente de una familia de aristócratas y sobrino del más poderoso de los Treinta Tiranos que derrocaron la democracia ateniense, escribe, a nombre de Sócrates, el demócrata, el tratado más autoritario del poder del cual se tenga noticias: República.

Las ideas de un Estado cerrado donde cada quién se dedica para siempre a los oficios propios de su clase, estructuradas éstas en forma rígida y sin movilidad horizontal vertical, zapatero a tu zapato, el exilio de los poetas, fabricantes de ilusiones y de paraísos y la abolición del matrimonio, la familia, la patria potestad y de cualquier organización que pudiese, aunque en términos limitados, representar un poder paralelo al del Estado-Ciudad, la Polís, configuraron las fronteras de hierro de este reino hermético y la primer gran apología del poder de la que nuestra civilización tenga noticias.

La Edad Media fue la historia de un gran poder el poder de Dios, del que derivan todos los demás. Fue una sociedad teocéntrica signada por la lucha de poderes temporales: la iglesia, la corona y los señores feudales. Esta lucha tiene dos grandes momentos: la consolidación del poder de la Iglesia en la primera parte de la Edad Media y la consolidación del poder del monarca a partir de 1303, cuando Felipe El Hermoso, de Francia, derrota al Papa Bonifacio VIII.

La Iglesia fue el primer poder público establecido en la Edad Media. San Agustín en el Siglo IV y Santo Tomas en el siglo XIII son los más grandes intelectuales y exponentes de la Iglesia, sobre, entre otras cosas, la teoría del poder.

La Modernidad política se inicia en el Renacimiento con El Principe de Nicolás de Maquiavelo, publicado en 1513. Aquí, a diferencia de la visión de los griegos y la del medioevo, la política, más que la búsqueda del bien común, es la búsqueda y la consolidación del poder.

La moral del príncipe es diferente de la del súbdito; para el príncipe la virtud es el poder, perderlo es inmortal; el fin justifica los medios. Esta idea de la política y del poder ha denominado durante casi medio milenio el concepto y la práctica de la política.

Las Revoluciones europeas, La Iglesia de 1688 y la Francesa de 1789, así como la de los Estados Unidos de 1776, marcan la ruptura con las ideas del poder de Grecia, Roma, la Edad Media y el Renacimiento. En cierto sentido es un regreso a las ideas de la democracia de Sócrates. El poder no es más absoluto, se establece la separación de poderes, la soberanía popular y el concepto de ciudadanía y de ciudadano que sustituye al del vasallaje y al de súbdito.

La democracia es el esfuerzo permanente de limitaciones del poder y de priorización de la persona y del individuo frente al estado.

La modernidad poética y artistica en general, ha reafirmado en dos grandes movimientos, el Modernismo y el Surrealismo, la ruptura de las fronteras entre idea y realidad, entre sensibilidad y política. Al borrar los muros entre el arte y la vida y hacer de la literatura un programa de la existencia, se han pulverizado las torres de marfil y demolido, o pretendido demoler, los esteticismos, para integrar en una actitud ética y estética el arte y la política, la filosofía y el poder.

La historia moderna ha sido desgarradora porque los intelectuales, creadores de universos alternativos y de nuevas opciones de realidad, se han visto inevitablemente enfrentados al poder o cooptados por éste.

El problema, más allá de las conductas personales es un problema filosófico que atañe a la dicotomía entre la naturaleza del poder y la de la creación intelectual.

Para el poder, el poder es un fin en sí mismo, es la herencia autoritaria de Platón y Maquiavelo; para el intelectual, el poder es un medio para poner en práctica el cambio y las nuevas ideas. El poder propone transformaciones cuando no lo es todavía y no las quiere cuando ya existe como tal.

El gobernante es un guardián de realidades, que no pocas veces son de ventajas, intereses y beneficios; el intelectual es, o debería ser, un creador de mundos alternativos. De ahí la función crítica esencial a su misión que no siempre se ejercita o por temor, o por comodidad, o por ingenuidad esperanzada de que en el presente los sueños no son posibles, pero que el futuro llegarán a ser la tierra prometida.

A uno y otro lado, el drama del intelectual ha sido lacerante; recordemos de pasada: la ruptura traumática entre el surrealismo y el comunismo; el estalinismo y el nazifacismo de Hitler que en el fondo son la misma cosa asesinando las ideas, a los intelectuales, física o moralmente; Neruda y su triste defensa del estalinismo; Borges y su actitud complaciente con las dictaduras militares de Argentina; Octavio Paz y su lucha lúcida contra las dictaduras y los totalitarismos, y al mismo tiempo su coqueteo con el PRI y el poder; Ezra Paund y Martin Heidegger, para mencionar a dos cumbres de la poética y de la filosofía conteporáneas, cooptados por el facismo.

Las revoluciones nos han planteado a los intelectuales situaciones dramáticas, rupturas, resistencias, exilios y apoyos. Cuba, México y Nicaragua merecerían un estudio específico sobre este tema. Voces y Silencios podría ser el título de un ensayo sobre el particular.

Concluyo reafirmando que sólo la democracia puede permitir el espacio necesario a los intelectuales a su pensamiento y a su palabra; que es necesaria no sólo la presencia de la política , entendida en su mejor sentido como derecho y obligación de todos de participar en la vida del país, en el quehacer de los intelectuales, sino también la presencia del pensamiento, la cultura y la sensibilidad artística en el quehacer político.

Ha hecho falta en Nicaragua, y de manera un Darío de la política. Lo que Rubén hizo en la poética es un ejemplo universal. La Unidad en la Diversidad que el realizó en su obra debe ser la divisa del quehacer político el que no debe ser extraño a su canto y visión.

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Freddy Quezada.

LAS MISERIAS DE LOS INTELECTUALES

 

Me impresionó saber cómo, casi llorando, un miembro de la Escuela de Frankfurt, emigrado a EEUU para la segunda guerra mundial, se quejaba que los norteamericanos no sabían dar su lugar a los intelectuales, pues, los consideraban como a una profesión más -- como a abogados y médicos.

Pasaba que el pragmatismo anglosajón no reconocía lo suficiente unos honores, creídos como debidos y merecidos, a una condición que siempre se ha tenido como sagrada para un europeo. El postmodernismo, cuyo origen es igualmente europeo, terminó de vengarse de su propia cultura, al rematar una tarea que ya habían empezado los anarquistas: desenmascarar a los intelectuales en lo que siempre han tenido de ambiciosos, interesados y autoritarios. Bakunin decía que los intelectuales eran unos buscadores insaciables de poder; Camus que son animales peligrosos que traicionan con facilidad y Feyerabend que los científicos son sirvientes del Estado. Entendí, entonces, la decadencia del "intelectual universal" que hablaba en nombre de la Humanidad, la Justicia, la Libertad y la Igualdad como si fuera único y exclusivo testigo, crítico, vocero e intérprete de su tiempo. Un oficio presentado, por ellos mismos, como noble, desde el Logos de Heráclito hasta el intelectual engagé de Sartre.

Hoy, un verdadero alérgico a los intelectuales empezaría por preguntar, en esta sala, cuánto me pagarán por esta conferencia y, a renglón seguido, a quién deseo halagar dentro de esta institución o de aquellas que escuchen, lean o vean esta ponencia en los medios de comunicación. Y es que lo que de verdad anima a la mayoría de los intelectuales, con las muy honrosas excepciones que hoy nos acompañan en este salón, es el interés, la sobrevivencia y la voluntad de poder. Son los verdaderos motores de sus discursos. La caída y el desplome de los metarrelatos, sobre el que se estructuraba toda ingeniería discursiva, terminó dejándonos en nuestras manos con el medio (hacer discursos) para ofrecerlos después en el comercio de sentidos al mejor postor.

Así, el desarrollo sostenible (esa estafa del BM y el FMI que borra toda diferencia con los desarrollistas alternativos), la alteridad étnica (último reducto de antropólogos sin empleo), de género (floreciente negocio ilustrado de ONG´s), cultural (nuevas áreas de sociólogos sin objeto), generacional (presión de las compañías para incorporar a jóvenes y ancianos en la esfera del consumo), productiva (única narrativa seria pagada por el mercado), sexual (ilusión de homosexuales y lesbianas de ser visibilizados), sentitaria (búsqueda de otros sentidos por fracasados y perdedores) y comunicacional (moda por figurar en la televisión) nos descubrirá como ingenieros, plomeros o carpinteros según las calidades, densidad y complejidad de la narración. Y así, también, cobraremos.

El poder para los intelectuales, para nosotros, no es sólo el Estado, sus recursos y la manipulación que hace de las personas, sino también el prestigio, la fama, los contratos, los honorarios, los premios y los reconocimientos que se extienden hasta los coches y los tipos de casa que creemos merecer. No en balde, un maestro Zen japonés empezó, en una Universidad inglesa, a pronunciar una conferencia --con el mismo nombre que lleva esta-- diciendo que en Japón wabi y sabi, son dos términos que significan sencillez, soledad y pobreza, tres virtudes de un monje budista. Algo que la mayoría de los intelectuales de Occidente no conocemos desde los griegos presocráticos.

Aunque, hubo una época que los intelectuales orgánicos, después cortesanos de Partidos y Estados triunfadores, arriesgaron sus vidas, en especial los más sinceros y honrados, por una nueva sociedad y un nuevo hombre o mujer que nunca llegaron. Era la época que la sociología estaba habitada por las clases sociales; la economía era el sitio donde mejor se desenmascaraba al mercado; la política nos educaba en tomar el poder por medio de estrategias liberadoras de masas y la filosofía nos enseñaba a derrotar la alienación del sistema. No importaba si el narrador de estos discursos, generalmente un intelectual, pertenecía a una de las clases aborrecidas, si compraba sus coches en el mercado censurado, si reflejaba su vanidad personal en los folletos aleccionadores o culpaba a la enajenación enemiga por sus debilidades "pequeño burguesas". Era la separación del relator de un discurso emancipador que tenía valor en sí mismo y que liberó al narrador para elegir su espiritualización en un bosque de sentidos, privados, donde terminó extraviándose. El acercamiento entre el relato y su locutor es lo que siempre hemos llamado ética o, su distancia, vacío espiritual. Vacío que explica hoy el encanto de las filosofías orientales (integrales y holísticas) en nuestra juventud, el reclamo de un guevarismo moral en los adultos o la nostalgia de un espíritu griego como el de Diógenes Laercio, el "perro celestial", entre los intelectuales escépticos. Necesidades todas que buscan la restauración de la ética perdida desde la secularización del Estado moderno para evitar las guerras religiosas y que terminó, sin desearlo ni saberlo, hundiendo a sus sociedades en la más profunda indiferencia espiritual.

Después vendría la conversión del intelectual orgánico en "institucional" y su condicionamiento por la sobrevivencia económica y el derrumbe de los relatos mayores que daban sentido anterior al oficio. Empezó a reconocer que había que pagar la colegiatura de unos hijos que había abandonado antes por el metarrelato antiguo; los servicios básicos de un hogar formado, apenas iniciado la víspera cuando fue llamado a filas; el pago de maestrías y doctorados para unos estudios considerados antes de la diáspora como entorpecedores de la acción militante y el consumo de una clase media, que era ajena y enemiga cuando disparábamos contra ella, para mantener el status de un intelectual; de tal manera, pues, que se empezaron también a valorar el precio de las cuartillas, a cobrar las conferencias, a preguntar por proyectos a los colegas, y a fijar tarifas por cada tontería bien dicha que escribiéramos.

Así, empezamos a encontrar al nuevo intelectual, en medio de las miserias de nuestro tiempo, trabajando en diseñar estudios para institutos sociológicos que aconsejan mansamente los modelos más blandos y amables del desarrollo de siempre, pero esta vez con apellidos nuevos y sonoros, como sostenible, sustentable, limpio o apropiado; en las oficinas gubernamentales refritando las teorías de Frederick Hayek y Ludwig Von Mises, con la misma pasión con que recitaban ayer a Keynes y antier a Marx, en las introducciones triunfalistas de los informes económicos; en los organismos internacionales rezando para que aprueben el siguiente proyecto que los mantendrá por un par de años más y, en fin, dejándose embriagar por las bondades de un sistema que les dispensa todo lo que ambicionaron calladamente, cuando eran simpatizantes revolucionarios, con sólo halagarlo.

A esta altura, creo que el mejor modo de derrotar a los intelectuales, como ya se hace de todos modos, es ignorándolos; privarlos de la gratitud y el reconocimiento público porque no somos absolutamente más que nadie. Ya ven, yo que soy uno de ellos, me prohibo ser indulgente y no me perdonaría mentirles.

El intelectual sin ambición, una contradicción en los términos, no puede existir en nuestro medio porque irremediablemente tendríamos que encontrarle en la peor de las condiciones o como un monje que ya no nos dirá nada por sus votos de silencio. Ciertamente tenía razón aquel intelectual rumano, lúcido y despellejado, cuando, desesperado y sin empleo, dijo una vez: "Todos nuestros sufrimientos y humillaciones provienen de que no nos decidimos, de una maldita vez por todas, a morirnos de hambre".

 

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Erick Aguirre.

BOUTADES PROFANAS DE JORGE LUIS BORGES

 

En Borges uno se siente como

en un pórtico, pero sin casa.

Vladimir Nabokov

En 1985, un año antes de la muerte de Jorge Luis Borges, me inicié como periodista cultural en el suplemento Ventana, del diario Barricada, donde, ese mismo año, publiqué mi primer mal poema. También ese mismo año leí por primera vez al escritor argentino cuyo centenario conmemoramos ahora con creciente admiración e interés. Mi amigo Mario Martínez, entonces secretario de la Unión de Escritores, me prestó un ejemplar de Historia Universal de la Infamia (1935), que leí con fruición y deleite. Aquellos relatos biográficos, escritos con una prosa severamente minuciosa y de algún modo barroca, insertos en diversas realidades culturales o geográficas y transmutados en extrañas alegorías filosóficas, encontraron en mí a un futuro e irreductible devoto.

En medio de la escasez de buena literatura "occidental" durante la década ochenta en Nicaragua, traté de encontrar algo suyo que satisfaciera mi curiosidad por conocer algo más de aquel hombre de sabiduría arcana y fantasiosa, cuya prosa había despertado mi imaginación como pocos autores en aquellos años. Entonces di con El Aleph (1957) en la librería Manolo Morales. Durante un par de noches me sumergí con placer en la lectura de aquellas narraciones, que debido a mi ignorancia y a sus propios juegos apócrifos, frecuentemente me desconcertaban, pero también me iniciaron en el gusto por el ejercicio intelectual de la especulación y acrecentaron mi hambre de conocimientos.

Después lo busqué, y para mi dicha y satisfacción lo encontré, en la biblioteca de la UCA y en la del Banco Central, donde empecé a acudir con frecuencia a devorar, primero su prosa y después su poesía. Durante aquella deliciosa y entretenida lectura, también me dio gusto encontrar referentes conocidos y de predilección común con aquel autor maravilloso que acababa de descubrir. Como Nietzche, Dante, Kafka o Dostoievski, por ejemplo. Y aunque su alusión a títulos ficticios, citas de su propia invención, textos y autores inexistentes, lograron por un tiempo confundirme, también acicatearon mi afán autodidacta y mi búsqueda de referentes intelectuales de alguna manera distintos a los ya conocidos en mi inicial formación ideológica bastante arraigada en la izquierda.

En cierta forma, su lectura me ayudó a reagrupar diversos contrapuntos de la realidad y a dotarlos con las formas fantásticas de otros mundos posibles. Fue así como empecé a citarlo, con una especie de orgullo inocente, en algunos artículos que escribí para Ventana. Casi de inmediato, alguien me sopló al oído la expresión de Neruda sobre el argentino: "es un dinosaurio político". Sin embargo, no quise darle importancia al asunto e insistí en usar algunos textos suyos como referencias auxiliares de mis artículos periodísticos. Uno de ellos, por ejemplo, debía tratar sobre los orígenes del género "salsa" en la música popular. Consulté enciclopedias y revistas especializadas, algunos breviarios vagos sobre historia de la música, y por supuesto al cubano Alejo Carpentier, hasta ese momento mi mejor fuente de información. Pero de pronto recordé mi reciente lectura de Borges. La primera narración de Historia Universal de la Infamia recrea la vida de Lazarus Morell, un despiadado tratante de esclavos en Estados Unidos. Borges irrumpe en el relato especulando sobre la causa remota de la práctica atroz de aquel cruel traficante de negros. Y esa fue precisamente la cita que escogí para irrumpir yo también con mi artículo:

"En 1517 el P. Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima de los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas, y propuso al emperador Carlos V la importación de negros que se extenuaran en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas. A esa curiosa variación de un filántropo debemos infinitos hechos: los blues de Handy, el éxito logrado en París por el pintor oriental D. Pedro Figari, la buena prosa cimarrona del también oriental D. Vicente Rossi, el tamaño mitológico de Abraham Lincoln, los quinientos mil muertos de la Guerra de Secesión, los tres mil trescientos millones gastados en pensiones militares, la estatua del imaginario Falucho, la admisión del verbo linchar en la decimotercera edición del Diccionario de la Academia, el impetuoso film Aleluya, la fornida carga a la bayoneta llevada por Soler al frente de sus Pardos y Morenos en el Cerrito, la gracia de la señorita de tal, el moreno que asesinó a Martín Fierro, la deplorable rumba El Manisero, el napoleonismo arrestado y encalabozado de Toussaint Louverture, la cruz y la serpiente en Haití, la sangre de las cabras degolladas por el machete de papaloi, la habanera madre del tango, el cadombe..."

Yo agregué con inocencia a la lista el mixto, pluricultural y popular ritmo de la música salsa. Volvieron entonces a soplarme al oído que el tal Borges era un reaccionario, hombre de derecha presumido de aristócrata. "¡Cómo es posible que cite usted a Borges en el suplemento cultural de Barricada, el órgano oficial del FSLN!", me dijo alguien. "¡Y para colmo, reviviendo la leyenda negra tejida contra Fray Bartolomé de las Casas, precursor de la Teología de la Liberación y de la Opción Preferencial por los Pobres en la Iglesia Católica!". Pero yo, mientras la dirección del suplemento no me lo prohibiera, estaba dispuesto a seguir citándolo, y a seguir leyéndolo con la misma fruición y deleite del comienzo, convencido desde entonces del difícil discernimiento que debemos intentar practicar frente a las inclinaciones políticas y el ejercicio literario. Aunque el hecho de que en aquel tiempo el consejo editorial rechazara un ensayo del poeta Raúl Orozco sobre la obra poética de Borges, me dio en qué pensar y me hizo, en adelante, mantenerme a la espectativa.

Lo cierto sin embargo es que Borges, en ese aspecto muy circunstancial de su actividad intelectual, es decir, el político, fue un gran provocador, un hombre de lengua pesada. Sus intempestivas declaraciones a la prensa sobre asuntos extraliterarios o "poco intelectuales", sus polémicas opiniones sobre temas políticos, sociales o ideológicos, fueron tan controversiales como las más intrincadas de sus narraciones o el más complejo de sus personajes. Cuando alguna vez se le preguntó sobre la intervención norteamericana en Vietnam, por ejemplo, respondió que la apoyaba, y se lamentó de no haber podido opinar sobre ello en los Estados Unidos, pues había mucha gente en contra de la guerra. "Los americanos son muy sentimentales: existe una tendencia generalizada (que se ha propagado por todo el mundo) a apoyar la pobreza, la barbarie y la ignorancia", declaró.

Aunque decía detestar a "los comunistas", de vez en cuanto esbozaba algunas ideas interesantes sobre la naturaleza de los gobiernos y de los políticos. "No me gustan las personas que se promocionan a través de la política. Son despreciables. Yo propondría que los políticos no fueran personajes públicos. Todos se dedican al turismo y a viajar rodeados de grandes séquitos", decía. Y también manifestaba abiertamente su aspiración por la existencia de un Estado mínimo, poco perceptible. Proponía una especie de anarquismo. "Un anarquismo parecido al de Spencer --declaró--, pero no sé si somos lo bastante civilizados para llegar a eso. Es cuestión de esperar doscientos años".

Al famoso periodista Andres Openheimer le confesó no creer en la existencia de América Latina. "Pienso que es una especie de haraganería --dijo--, de comodidad. La República Oriental del Uruguay, desde luego, es parte de la república Argentina. Fuera de eso, yo no sé hasta dónde tenemos algo en común con el resto de países". Pero su aparente desprecio por la América mestiza que tantas veces exaltó Darío, provenía de una lógica fría respecto a la historia, pues cedía en justificar la independencia de España alegando la decadencia del otrora vigoroso imperio. Sin embargo recurría al mismo alegato para justificar el exterminio de los indios en tierras argentinas, y se enorgullecía de que su abuelo hubiese jefeado aquellas batallas en tres fronteras de Buenos Aires.

"Mi abuela tuvo oportunidad de conversar con muchos caciques --declaró--, y eran bárbaros. Muchos no sabían contar más allá del cuatro". Y aunque admitía que la guerra contra los indios fue muy cruel de ambos lados, decía que los españoles y los conquistadores del desierto eran los únicos que representaban la cultura, y que como individuo él bien podría admitir la violencia, "si ésta se utiliza en nombre de la cultura".

Similar opinión le merecían, por ejemplo, los negros. Sobre todo los negros de Estados Unidos: "Ah, sí, son insoportables esos negros", decía, y alegaba que los conflictos raciales constantes en la gran nación del norte, se debían "al error de haberlos educado y de recordarles que en épocas anteriores habían sido esclavos". Aseguraba que los negros estadounidenses eran snobs y admitía también que le hubiera gustado tener un par de esclavos en su casa, refugiándose con cinismo en una cita de Carlyle, que no sé si él mismo inventó: "Es mejor tener sirvientes vitalicios, que tener que renovarlos cada dos o tres meses".

Con semejantes boutades no resultaba extraño que en la Nicaragua sandinista, la caterva de intelectuales entusiasmados por la utopía revolucionaria y empeñados en llevar a niveles de exageración la moda de ideologizar el texto literario, manifestaran su rechazo a un hombre capaz de semejantes exabruptos. Por entonces Darío era proclamado aquí un héroe nacional y era colocado, junto a Sandino, como el gran pilar de nuestra identidad mestiza y antimperialista. Exaltado no mucho tiempo atrás por el aparato burocrático del somocismo, el Darío acrático, o más bien aristocrático de ninfas, cisnes, palacios y princesas, dio paso entonces al Darío de Oda a Roosevelt, al celoso antimperialista, al profeta de la revolución latinoamericana. Pero las boutades del gran poeta que alguna vez declaró su confianza en las naciones que hacían contrapeso en la balanza a la fuerte y osada raza del norte, y que proclamaba con orgullo la mezcla española, chorotega y nagrandana que bullía en su sangre, no fueron quizás, menores que las barruntadas por Borges frente a la grabadora de algunos periodistas. Al menos su opinión sobre los negros no difiere mucho de la del argentino. En su libro Parisiana (1907), recoge un artículo titulado Los hijos de Cham, en donde, textualmente, dice:

"Mientras en espantosas masacres los amarillos se imponen, en farsas sangrientas los negros se hacen notar (...) De Haití llegan a Francia malas nuevas. La macacada está furiosa; los pocos blancos que hay en la isla ven con temor la agitación de los naturales. Saben que una insurrección de color es terrible para los europeos. En el negro, danzante, tristón, jovial, pintoresco, carnavalesco, surge, con el fuego de la cólera y el movimiento de la revuelta, el antepasado antropopíteco, el caníbal de Africa, la fiera obscura de las selvas calientes (...) Los negros de los Estados Unidos son los más osados, los más audaces que puedan existir sobre la superficie de la tierra (...) El romanticismo lo hermoseó todo, hasta los negros. En realidad. apenas el heroismo es el que salva al pobre hijo de Cam del ridículo que trae como fatal herencia desde el materno vientre. Necesitan para brillar el resplandor de la pólvora o la grandeza del suplicio. La humanidad no ha podido aún ver el genio negro. El talento mismo es en ellos escaso, fuera de ciertas especiales disciplinas, a las cuales se adaptan su agilidad y su don de imitación (...) Ya se encargarán en el país de las bandas y las estrellas de enseñarles cómo hablaba Zaratustra..."

¿Podía ser aquel corresponsal de La Nación que escribía entusiasmado desde alguna buhardilla de París, el mismo escritor que alguna vez se preguntara si había en sus venas alguna gota de sangre de Africa, o de indio chorotega o nagrandano?. Pudiera ser, a despecho de sus manos de marqués, y de su odio por la vida y el tiempo en que le tocó nacer. Pero volviendo a Borges, tampoco había mucha diferencia en cuanto al concepto que ambos (Borges y Darío) alguna vez expresaron por la cultura en la América Latina, donde, según el propio Darío, había una absoluta falta de elevación mental en la mayoría pensante, a la que veía nutrida de personajes snobs y despistados: profesores, académicos, periodistas, abogados y poetas rastaquére.

"Si hay poesía en nuestra América ella está en las cosas viejas, en Palenke y Utatlán, en el indio legendario, y en el inca sensual y fino, y en el gran Moctezuma de la silla de oro. Lo demás es tuyo, demócrata Walt Whitman", dice en sus Palabras Liminares a Prosas Profanas (1896), obra clave del modernismo.

Sin embargo, nuestros intelectuales de la década ochenta, mientras odiaban al "derechista" Borges, ignoraban a toda costa semejantes obviedades en el pensamiento dariano, y se refocilaban en la construcción de un monumento ostentosamente antimperialista del gran poeta nicaragüense, aunque el antimperialismo de Darío no estuviese fundado en alguna ideología política o económica específica, sino en la idea de que la América Latina y la América Anglosajona representan dos versiones distintas e inconciliables de nuestra civilización.

Según Octavio Paz, el conflicto, visto desde la perspectiva modernista, no era de lucha de clases, sino de dos visiones del mundo y del hombre. Según Paz, la única experiencia de la modernidad que un hispanoamericano podía tener en aquellos días, era la del imperialismo. Nuestra realidad no era moderna. No teníamos industria, ni democracia, ni burguesía, sino oligarquías feudales y militarismo caudillista. Según tal visión, Darío, "capitán del modernismo", probablemente dependía de todo aquello que aborrecía, y por eso quizás oscilaba entre la rebelión y el laudo cortesano. Muy certeramente, el premio Nobel mexicano nos recordó que algunos modernistas, como Martí, fueron incorruptibles y llegaron al sacrificio, pero otros, como "el pobre Darío", se vieron obligados a escribir odas y sonetos a tigres y caimanes con charreteras. "Pero nosotros --dice Paz en Los hijos del Limo (1974)-- que hemos visto y oído a muchos poetas de Occidente cantar las hazañas de Stalin, podemos perdonarle a Darío que haya escrito unas cuantas estrofas en honor de Zelaya y Estrada Cabrera."

Con todo, las boutades de Borges continuaron siendo condenadas a sotto vocce por la intelectualada revolucionaria de la Nicaragua sandinista, a despecho de una recóndita admiración de muchos por su literatura, y en algunos casos, hasta de sus propias boutades políticas. Hasta que sobrevino su muerte en 1986. Entonces las expresiones de admiración y condolencia de grandes figuras intelectuales de la izquierda latinoamericana y mundial, les dieron la oportunidad de respirar aliviados. Era hora de hacer pública su devoción por el genio. Era hora de olvidar y hacer a un lado sus "incongruencias políticas". Entonces los suplementos literarios se llenaron de borgeanos nicaragüenses, la mayoría sandinistas, quienes declaraban con orgullo que el gran Borges siempre había sido su autor de cabecera. Fue publicada, incluso, una larga entrevista donde un alto comandante sandinista asociaba su presunta devoción por Borges con el hecho de sentirse "un poeta clandestino y perseguido" (¿!).

En lo personal, desde el comienzo me tuvo sin cuidado la opinión política de Borges. Así como tampoco me quitaron el sueño las diligentes advertencias de ciertos "camaradas" acerca de su presunta "peligrosidad ideológica". Al fin y al cabo, al igual que en los textos de Darío, en su prosa rezuma la savia de una inteligencia alerta, capaz de revelar e interpretar el resultado de la mezcla de diversas culturas en diversos tiempos y espacios. Su excentricidad no es más que una manera de ser central, y su parcialidad también es otra manera de ser total. Sus juegos intelectuales encaminados a subvertir el pasado, también trastrocan el presente y el futuro e intentan simular una especie de totalidad. Tras su aparente intelectualismo palpitaba una angustia existencial de doble filo. A quienes lo han tomado demasiado en serio Borges ya había advertido: "En mis cuentos yo siempre he mezclado la metafísica y los dogmas con el hecho apócrifo, la farsa con la realidad, ¡sin contar con que he bromeado siempre un poco!".

En una entrevista, después de ser cazado en flagrante contradicción respecto a la nacionalidad y las clases sociales (que en un momento consideró comodidades intelectuales y con las cuales luego se apoyó para negar la existencia de América Latina), debió confesar al acucioso Openheimer su naturaleza contradictoria: "Y bien, yo soy muy ilógico --le dijo. Lo que pasa es que ustedes me toman muy en serio".

Simple garabateador de frases y palabras, hombre incapaz, al fin y al cabo, de comprender el mundo, Borges siempre estuvo condenado, como todo escritor, a la inherencia del lenguaje, a su fuerza centrífuga, dentro de la cual no le quedaba más que dedicarse al divertido y vano juego de cambios y sustitución de símbolos, a un teratro de sombras y reflejos. Por eso quizás su empeño en subvertir paradigmas. Sin embargo, su constantemente contradictorio manejo de doctrinas heterodoxas, podrían finalmente terminar siendo una propuesta juguetona y fascinante de versiones e inversiones que intenta demostrar cómo lo malo o abyecto resulta siendo el reflejo invertido de lo bueno o excelso; cómo el bien juega siempre a las cartas con el mal, en una partida donde los dos hacen trampa.


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