Iván Urriarte
CERVANTES, DARIO Y LA MODERNIDAD LITERARIA.
Nos encontramos en un impase: en una época que termina y no termina, que agoniza y siempre continúa su marcha. Me refiero, clara está, a la Modernidad, la que se gestó y nació en el milenio que ya hemos despedido saludando al nuevo en el que no encontramos ni otro nombre ni otro rostro. Salvo el que algunos se empecinan en llamar Posmodernidad, que no constituye período histórico alguno ni engloba una tendencia de características definidas. Un espacio privado-colectivo, además, que se inserta a su vez en un tiempo y espacio más amplio: la Modernidad misma. No quiero entrar en las vaguedades del término pos que ya ha agotado todo su espacio para devenir el mismo poshistoire.
Como en la pieza de teatro de Samuel Beckett seguimos esperando, aunque tal vez ya sólo nos quede confrontar las cavernas que nos abre y ahonda cada día la globalización: la poscaverna, y la vuelta al mito platónico, saturados de información, de deformación y de pasividad. Dejemos, mientras tanto, la caverna por venir en reposo y pensemos que si algo nuevo va a acontecer en el mundo del arte, sólo las obras que han resistido los embates de la tradición de la ruptura, reaparecerán como nuevas o tal vez con una novedad y frescura que no habríamos presentido,
Me hago esta reflexión frente a dos creadores que sólo la modernidad literaria ha hecho posible que se acerquen más de lo que ellos alguna vez hubieran querido o deseado. Me refiero al español Miguel de Cervantes Saavedra y al nicaragüense Felix Rubén García Sarmiento, universalmente conocido como Rubén Darío. Ahora bien si ésta modernidad es la que los junta y acerca, entre Cervantes y Darío hay también más nexos y afinidades de los que podrían deducirse en una apresurada mirada. El objetivo de este trabajo es, entonces, hacer visible una proximidad que no siempre se reduce a simples y meras semejanzas.
I.
Aunque creadores aislados temporalmente les tocó jugar roles similares en la escisión y ruptura de la cadena textual de sus diversos tiempo. Ambos, entonces, son fundadores. Así Miguel de
Cervantes Saavedra, nacido en 1547 en Alcalá de henares, Valladolid, España, después de muchos lances literarios como narrador y dramaturgo, publica entre 1605 y 1615 una extraña parodia de novelas de caballería titulada El ingeniosos hidalgo Don Quijote de la Mancha, publicación que le abre el naciente mercado del libro en España y Europa. Con ese texto Cervantes echaba los cimientos de la novela moderna, modernidad narrativa que sólo ha sido patente y visible casi cuatro siglos después de evolución del género mismo. De otro modo, en otro tiempo y en otro continente, un joven nicaragüense, nacido en Metapa, Nicaragua, 1867, escribía y editaba en Chile, en 1888, una singular mezcolanza de prosa y verso intitulada Azul..., y signada, casi desde sus inicios, a cambiar los cánones y reglas de una desgastada tradición literaria española - que se desprendía de la espléndida literatura del siglo de oro - y de la cual se había venido nutriendo sin encontrar relevo alguno. El nicaragüense sabia, de algún modo, que ese minúsculo libro estaba llamado a fundar el nacimiento de una propuesta literaria que cambiaría totalmente el espíritu y el quehacer poético de la literatura por venir en lengua española. Lo que no sabía es que uno de los recursos literarios que insistentemente utilizaba en Azul provenía de aquella parodia de novelas de caballería que tanto amaba y admiraba. Pero precisemos un poco más los vaivenes que cortan y eslabonan la cadena textual a la cual nos referimos.
Cervantes y Darío se encuentran, pues, en los extremos de una cadena textual desgastada donde la actitud de ambos es similar aunque opuesta al mismo tiempo. Así a este último le toca descastellanizar - en cierta medida - el hecho literario de su tiempo, vinculándolo a la cadena textual francesa de ese momento y consecuentemente a la dinámica universal que, a diversos niveles, nacía con el siglo. Eso es lo que precisamente iniciaba con Azul... y continua confirmándolo a lo largo de su obra posterior. Cervantes, por otra parte, rompe con una tradición exntranjerizante que predominaba en su tiempo, como bien lo hace notar en el prólogo de sus Novelas ejemplares: "... yo soy el primero que ha novelado en lengua castellana; que las muchas novelas que en ella andan impresas, todas son traducidas de lenguas extranjeras, y estas son mías propias, no imitadas, ni hurtadas".
La tradición narrativa que imperaba en ese entonces, en la Península Ibérica era la italiana que se desprendía, del Decamerón de Bocaccio, de tal manera que el término "novela" del que tanto se ufanaba Cervantes - y que se acuña a mediados del siglo XV- es un italianismo que aquellos ofrecían con el nombre de novella.
Así, pues, si ambas rupturas literarias son de sentido inverso sus resultados son similares, porque si Darío aligeró las pesadeces retóricas que recargaban el castellano de su tiempo, tanto su prosa como su verso profundizan los matices y vertientes del castellano, que sale remozado para enfrentar la modernidad literaria que se avecinaba con el advenimiento de las Vanguardias Literarias, las cuales surgieron plenamente cuando Darío precisamente moría.
En lo que a esto respecta, señalamos, para mejor precisar y ahondar en nuestro tema, que en la confluencia del desgaste de una tradición literaria que se nutrió del siglo de oro, dentro del cual se ubicaba Cervantes mismo, Darío es precisamente el relevo, el timonel que conduce la ya pesada barca del idioma. Esta coincidencia en el corte de eslabones en el engarce mismo de la cadena textual que precisamente nunca debe romperse, confirma una sutil y profunda relación que une y vincula a creadores tan distanciados sólo en el tiempo. Y si ello es así, ¿cómo, entonces, los junta y acerca la Modernidad Literaria? Aproximémonos a mirar más de cerca a los eslabones de la cadena textual que los unen, y así podremos verlo con evidencia.
II.
El procedimiento que predomina en el quehacer de la Modernidad Literaria es el intertextual. Su origen, digámoslo llanamente, se instaura como principio literario constructivo, en lengua española, con la obra maestra de Cervantes: El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Que este procedimiento literario haya pasado desapercibido durante siglos, y que precisamente un texto como Azul ..., casi intuitivamente, lo haya puesto a funcionar por primera vez algunos siglos después de su fundación, demuestra, a simple vista la contiguedad de Cervantes y Darío y su presencia virtual en la Modernidad Literaria del siglo XX, que ha convertido este procedimiento, a partir de las grandes creaciones literarias de la década de 1920, en el procedimiento rector del texto contemporáneo a sus diversos niveles de irradiación y coexistencia.
Ninguno de los recientes críticos y exégetas literarios de Cervantes- de Leo Spitzer a Dámaso Alonso, de Joaquin Casalduero a José María Valverde- le han dado ninguna importancia al final de la primera parte de Don Quijote, antes bien se han referido a esta- y los anotadores de la ediciones críticas todavía con más ahínco- como enredada e imperdonable torpeza de nuestro autor. Séame permitido, entonces, hacer una referencia específica a ese marginado principio constructivo literario, cuya acto fundacional reviste importancia capital para el desarrollo tanto de la poesía como de la narrativa de nuestro tiempo.
Es bien conocido que la Primera Parte de Don Quijote está compuesta de 52 capítulos, distribuidos - en la edición príncipe de Juan de la Cuesta de 1605- en cuatro apartados, los cuales, tanto para el estudio de su estructura literaria, así como todo lo relativo al problema del narrador, es necesario tenerlos en cuenta y no creer, como lo ha hecho la mayor parte de sus editores, que se trata de una simple Primera Parte. Así, pues, el primer apartado va del capítulo I al VIII; el segundo del capítulo IX al XIV; el tercero del XV al XXVII, y finalmente el cuarto apartado va del capítulo XXVIII al LII. Aunque dicha estructura formal no volvió a ser utilizada en ediciones posteriores a la publicación del Segundo Volumen (que constituye, en verdad, su V parte), esta estructura es deducible en una atenta lectura.
De lo que constituye el primer Volumen con sus cuatro apartados, estructuralmente, el apartado primero es el más importante: en primer lugar porque ahí se instaura y crea el mito del Caballero de la Mancha (en los primeros siete capítulos) y en segundo lugar porque al final del capítulo octavo y a inicios del noveno, se funda en ellos, a nivel de teoría y práctica literaria, la intertextualidad como procedimiento narrativo.
Sin hacer una reseña de los hechos que rodean la investidura y primera salida del Hidalgo de la Mancha, recordemos como al final del capítulo VIII (en el enfrentamiento de Don Quijote con el Vizcaíno, blandiendo ambos sus espadas en alto), el narrador, repentinamente, suspende la relación de los hechos, quedando entonces el texto a la deriva: "... en este punto y término deja pendiente el autor desta historia esta batalla, disculpándose, que no hay más escrito destas hazañas de Don Quijote, de las que deja referidas."
La relación de los sucesos de cómo la historia pudo ser continuada, la he llamado -por la importancia que reviste dentro de la historia de la novela- el Episodio de Alcaná de Toledo.
Resulta que el narrador, en busca de la continuación de su historia trunca, se encontraba en el antiguo mercado de Sedas de Toledo, cuando: ..."llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y como yo soy aficionado a leer, aunque sea los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación, tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía, y vile con caracteres que conocí ser arábigos".
Puntualicemos que hasta el momento de los hechos aquí referidos, ignoramos la identidad y el origen del narrador, y que al igual que la aldea natal de Don Quijote, su nombre y demás señales quedarán herméticamente vedadas a todo lo largo del texto, y sólo al final del mismo, se nos darán ciertas pistas e indicios. En todo caso dicho narrador anónimo debe ser un manchego, escritor desconocido o simple recopilador de hechos, el cual se nos muestra no sólo como curioso e implacable lector sino también como alguien vinculado de algún modo, con un mundo, que en ese entonces sobrevivía: el hebreo-musulmán. Su familiaridad con los caracteres arábigos, como lo confiesa, nos lo demuestran.
"Y puesto que aunque los conocía -refiere el narrador en cuestión- no los sabía leer, anduve mirando si parecía por allí algún morisco aljamiado que los leyese, y no fue muy dificultoso hallar interprete semejante, pues aunque le buscara de otra mejor y más antigua lengua, le hallara". Sin dificultad alguna localiza al aljamiado, y después de una breve semblanteada con el mismo, le pide al futuro traductor que le lea desde el comienzo la narración: "Con esta imaginación le di priesa que leyese el principio, y haciéndolo ansi volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: HISTORIA DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA, ESCRITA POR CIDE HAMETE BENENGELI, HISTORIADOR ARÁBIGO".
Continua el narrador relatandonos su anecdótico suceso y agrega que el morisco prometióle traducir el manuscrito "bien y fielmente y con mucha brevedad". Y para asegurarse la traducción de lo escrito en los nominados cartapacios, se lleva al aljamiado a su casa " y en poco más de un mes y medio -nos dice- la tradujo del mesmo modo que aquí se refiere".
De esta manera, lo traducido por el morisco aljamiado, encontrado en el mercado de sederos de Toledo, reacomodado por el narrador, mejor dicho transcritos a su modo y con todos sus prejuicios, van a constituir el grueso del texto denominado El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Con esta traducción que recibe el narrador va a realizar una operación de transvase, de inbricamiento tal que va a devenir el texto maestro del género, a partir de la asunción de esa tarea de tal manera que al iniciar su compleja labor nos dice, con tono de gran simplicidad: "en fin, su segunda parte, siguiendo la traducción comenzaba desta manera: (abriéndose así el gran grifo de los dos puntos más complejos de la historia de la novela, el grifo de la intertextualidad precisamente, a través del cual la narración como escritura definitiva e incuestionable, fluye sin tropiezos hasta llegar al final del capitulo LII, con los conocidos avatares y dificultades que envuelven a la quinta parte, o segundo tomo, sólo justificable por la publicación del Quijote apócrifo de Avellaneda).
No tendría sentido aquí abordar los problemas que a nivel del narrador, enunciación narrativa, e inclusive autoría, plantea el procedimiento intertextual del Quijote. La importancia que en sí constituye este inverósimil acto de convertir un texto de tal magnitud, en la versión y traducción de otro, no ha sido, recalco, considerado seriamente por la critica literaria española ni tampoco por las grandes exégetas y especialistas de la obra de Cervantes, que se han limitado a comentar con toda simplicidad: "Aquí Cervantes finge que el Quijote fue una traducción de un texto árabe escrito por Cidi Hamete Benengeli". De los Menéndez Pelayo y Pidal hasta José María Valverde, incluyendo todos los grandes anotadores - como Clemencín y Rodríguez Marín-, nunca se dieron cuenta que precisamente se trata de la fundación de todo un procedimiento literario que va, a través del intertexto, hasta la reescritura misma, y que, además toda la gran literatura que eclosiona con las Vanguardias Literarias lo hace suyo y lo lleva a los más sofisticados extremos, tal como lo ha demostrado Jorge Luis Borges en su conocido relato "Pierre Menard autor del Quijote". Obviemos esta incuestionable miopía de la crítica española, y señalemos que si bien esta tarea ha sido iniciada y asumida parcialmente por el estructuralismo francés y la escuela alemana de la recepción del texto, hace solo unos años Carlos Fuentes sitúo a Cervantes en la órbita moderna del texto literario, tanto a nivel de criíica literaria,(Cervantes o la crítica de la lectura,) como a nivel de práctica narrativa, tal como lo demuestra sus portentosa novela "Terra Nostra", donde la figura de Cervantes es casi una constante narrativa a multiples niveles.
Preguntémonos finalmente ¿Qué profundas razones motivaron a Cervantes para utilizar una de las lenguas de la convivencia que España tuvo por muchos siglos, como fuente literaria apócrifa para su novela? Américo Castro ha pretendido y querido dar respuesta a esta pregunta, pero pienso que la respuesta va más allá de lo que el autor de El Pensamiento de Cervantes nos propone, y que existen razones de invención novelesca que siguen siendo un desafío para todos los rastreadores de la génesis del Quijote.
Si en Don Quijote la intertextualidad es un procedimiento literario totalizante, como ya vimos, en el sentido de que casi todo el texto proviene de otro texto (del cual es autor Cide Hamete Benengeli), la intertextualidad en la literatura contemporánea ha evolucionado para más bien devenir un variado recurso literario, tal como lo practican aunque algunos autores contemporáneos como Ezra Pound en sus Cantos, convirtiéndolo en una fuente múltiple, frente a la cual el poema es subsidiario de todos los conocimientos : historia, geografía, estadística, economía, sociología... Para mejor comprender el hecho intertextual contemporáneo consideremos estas dos modalidades: 1) no modificar el texto citado; 2) apropiarse del texto y reducirlo a un simple auxiliar del texto principal. Literalmente se trata de un collage inivisible de textos diversos, donde la cultura del lector es una aguja imantada señalando constantemente el punto cardinal correctamente detectado.
Si la intertextualidad tiene hoy un vasto radio de acción ello se debe, obviamente, al crecimiento y multiplicación de la cadena textual: los textos se entrecruzan, se modifican, se enriquecen, dialogan, se vuelven una literatura múltiple e inalcanzable. Algo más, sus variantes formales son muchas: la parodia, la reescritura, el pastiche.
Precisemos: casi 3 siglos después de inaugurado el procedimiento literario que nos ocupa, Darío en Azul...lo hecha a andar, a diversos niveles, por primera vez, con sutileza tal que hace exclamar a Don Juan Valera que se trata de un "galicismo mental". Realmente Valera llega a percibir la variedad de voces y discursos que se entrecruzan en esos breves textos, disfrazados,
algunas veces, de cuentos parisienses. "Sabe con amor la antigua literatura griega - asevera Valera desconcertado-; sabe de todo lo moderno europeo". "Ninguno de los hombres de letras de la Península - continúa Valera más adelante-, que he conocido yo, con más espíritu cosmopolita, y que más largo tiempo han residido en Francia y que han hablado mejor el francés y otras lenguas extranjeras, me han parecido nunca tan compenetrados del espíritu de Francia, como usted me parece". Pero a su vez también Valera observa que Darío no ha perdido las raíces de la lengua, antes bien hundiese en ellas profundamente, desde el humor mismo: "Su chiste no es el spirit francés, sino el humor español de las novelas picarescas y de los autores cómicos de nuestra peculiar literatura".
Precisando un poco la diversidad de discursos que Valera intuía se entrecruzaban en los breves textos de Azul ..., señalamos de paso que el procedimiento dariano combina una variedad textual donde predomina el ocultamiento de la presencia del texto nuevo (inserto), provocando en el lector un trabajo de identificación y de interpretación del mismo. Veamos, a manera de ejemplo, el grado selectivo de la operación intertextual en "El velo de la Reina Mab":
a) En primer lugar, la raíz Shakesperiana que le sugiere el cuento mismo se convierte en una variante de la descripción en la escena cuarta de Romeo y Julieta;
b) Esa variante está realizada a partir de una reactivación intertextual de la "Derniere Fée" de Catulle Méndez, que le proporciona, parcialmente, el tema;
c) De Charles Perrault y del mismo Mendés ( "El linchamiento de Puck"), tomará el cuento de hadas, el cual desvirtuará con el planteamiento de la problemática del artista frente a la sociedad, problemática expresada a través del discurso del escultor, el poeta, el músico y el pintor. Pero la operación intertextual va más allá, precisamente por los nexos que guarda con el "Coloquio de los Perros", de Cervantes mismo.
Trabajo similar de ensamblaje de textos nos presentan "La Ninfa", "El Palacio del Sol", donde se combinan pasajes de Lope de Vega, Moratín, el padre Nieremberg, Vittoria y Alciato, para sólo mencionar autores españoles y confirmar que la relación Darío - Cervantes no solo es el mero conocimiento de la lengua literaria misma, sino que su más profundo sentido es renovarla, enriquecerla y continuarla, pero continuándola para explorar y buscar todas sus múltiples posibilidades. Y Darío lo hace desde la tradición fundada por el mismo Cervales, Quevedo, Gongora, Garcilaso, Boscán... aunque a ellos injerte y agregue la fresca literatura francesa de su momento: Hugo, Lamartine, Musset, Baudelaire, Leconte de Lisle, Gautier, Remy de Gourmond, los hermanos Goncourt, Flaubert...
Pero no olvidemos que el afrancesado Darío es el primero en nuestras letras-junto con Marti- en proclamar y concebir que la literatura no es mero ámbito geográfico sino una tradición literaria con todo lo que ella implica: historia, geografía, religión, costumbres... Por ello Darío es tan afrancesado como Hugo, tan castellano como Cervantes, tan Chorotega como la pluma que debajo del sombrero se le metió como una viga en el ojo a Unamuno, y que, además, la mostró tan orgullosamente en sus poemas, al mismo tiempo que anarboló y defendió el hispanismo como nadie: "Salutación del optimista", "A Colón", "Cyrano en España", "Letanías a nuestro señor Don Quijote" "Al Rey Oscar", lo proclaman de manera unánime no sólo como asunción de su hispanismo, sino como un verdadero continuador de la perpetua y renovadora tradición ruptural de una lengua que no se puede ni se debe anquilosar nunca. Concluyo: sin el intertexto la literatura contemporánea española se reduciría al más estrecho lirismo. ¿Quienes y cómo, entonces, abren esas compuertas que retenían estéril e inultimente miríadas de maravillosos textos? Huelga la respuesta, pero hay que señalarla y confirmarla. De Cervantes a Darío el rio heracliteano.
De la intertextualidad corre lento estancándose bajo los puentes. Si Darío dinamiza y apresura las aguas es para que la creciente textual inunde y desborde pletóricamente los incontenibles cauces de la literatura del siglo XX y la porvenir en este nuevo milenio. Pocos han señalado y visto de dónde vienieron esas espesas aguas que Darío manipuló y dirigió desde el puerto chileno de Valparaíso y que siguen destinadas a bañar y fecundar una geografía cultural que por primera vez deviene una lengua pluvial que crea corrientes marinas para que sigan retornando llenos de vigor los galeones que trajo la conquista y las nuevas flotas de tesoros verbales que el mestizaje ha troquelado cada día; corrientes marinas y aéreas para que también se refecunde la América indígena de Netzahualcoyol, Nicarao, Tecún-Umán y Caupolicán.
La Modernidad Literaria en lengua española difícilmente podría explicarse sin la distante confluencia Darío-Cervantes, dos rupturas que finalmente baldan la promiscua deriva de imprenscindibles textos flotando cada día dentro del caudaloso río de la creación y aferrados a la lengua como único instrumento literario.
Jorge Eduardo
Arrellano
EL CULTO BOLIVARIANO EN NICARAGUA
En Nicaragua, y entre los nicaragüenses, la admiración justa por el Libertador no ha sido despreciable. Desde el primer centenario de su nacimiento, el 24 de julio de 1883, hasta el segundo que conmemoramos con un volumen selectivo- las manifestaciones de esa admiración no sólo fueron numerosas y diversas artículos y ensayos, poemas y composiciones musicales, óleos y esculturas, biografías e interpretaciones teatrales, por ejemplo- sino, en su mayoría, dignas y significativas.
La figura que marcó un hito histórico en este culto que deberíamos instaurar como pedagogía política- fue, naturalmente, Rubén Darío. Aunque precedido por Mariano Barreto autor de la composición en verso "A Bolívar" de 1882, el Darío de dieciséis años se incorporó a la legión de los panegiristas poéticos del prócer latinoamericano por antonomasia con su oda Al Libertador Bolívar, "portento de precocidad creadora", la califica el venezolano José Antonio Escalona Escalona, pese a su entonación neoclásica y defectos de adolescente. Y otro venezolano, el ex-Embajador en Nicaragua Armando Rojas, quien publicó en Managua el folleto Bolívar y Darío (1964) la estima como "uno de los himnos más bellos y de más alta inspiración que se han cantado a la gloria de Bolívar". En dicha oda, leída oficialmente en San Salvador durante el acto conmemorativo del primer centenario natal del vencedor de Junín no sin juvenil entusiasmo hiberólico- Darío llama a Bolívar "semi-dios", "redentor como Cristo", perteneciente a la "raza de Cides", "cóndor andino" y "águila altanera"; además de "Jefe probo" que, "con sublime coraje/el yugo quebrantó del coloniaje". Y una de sus estrofas menos enfática dice:
Muéstrase soberano,
y yergue ahora la cabeza altiva
y conduce en la mano
antorcha de luz viva,
llevando de la paz la verde oliva.
Antorcha de luz viva, he ahí la dimensión que otro gran nicaragüense, Salomón de la Selva, retomó de bolívar a través de su permanente lema "Moral y luces", o sea, lo que en su Discurso del congreso de Angostura debía ser guía de los gobiernos de nuestras repúblicas. "No luces sólo ni sólo moral puntualizó Salomón-. Porque las luces la instrucción, el desarrollo de las ciencias y de las artes, todo desenvolvimiento intelectual en suma- no mejoran por sí solas la calidad de los hombres ni de los pueblos lo que abarca el concepto bolivariano de Luces necesita de la Moral para ser útil y bueno, y también todo lo que abarca el concepto de Moral está pidiendo a gritos que las Luces lo iluminen y aclaren".
MORAL Y ETICA
Así, de acuerdo con el pensamiento de signo bolivariano del mismo Salomón, moral y ética son sinónimos. Moral es vocablo que viene del latín mores que significa costumbre, hábito, modo de vida, y por mores traducían los latinos el concepto griego de ethos, de donde nos viene la palabra ética. Modernamente diferenciamos entre Moral y Etica, dándole a la primera la significación de conducta positiva, y a la segunda de conducta ideal; pero ésta, que nos hace tanta falta, es la que debe imponerse para que los individuos, grupos sociales y gobernantes puedan elevarse- ¡y esta es una de las lecciones actuales de bolívar!- en dignidad y bondad.
Lo bolivariano es decir, lo fundado en el propósito de Moral y Luces que Bolívar propugnó- puede apreciarse también recordando los discursos en donde el Libertador expresó en luminosa frase su pensamiento más acentrado. Al Congreso de Bolivia, al presentársele el Proyecto de Constitución que él había preparado, Bolívar manifestó que "la verdadera constitución" está en los códigos civiles y penales; y no exageró al añadir que el poder más grande en una república es el que ejercen los tribunales "por el tremendo instrumento de las leyes". (¡Y ya sabemos cómo está la aplicación de las leyes entre nosotros!).
Dos principios de economía en relación al funcionamiento de una buena república, señaló también Bolívar. El uno en el discurso que pronunció en Lima, el 10 de febrero de 1825, en el aniversario del día en que se encargó de la dictadura de ese país, para ponerlo en orden. Entonces dijo: la vida social no se alimenta sin que el oro corra por sus venas. En otras palabras, el primer principio bolivariano que apuntamos aquí es que no puede sobrevivir una república en la miseria. Necesita que haya riqueza.
Pero no funcionarios que se enriquezcan. Ni que siquiera sean ricos. Los funcionarios deben ser de otra naturaleza. Un segundo principio enunció el Libertador, cuya actualidad remarcamos, en el discurso con que acompañó el proyecto de Constitución que redactara para su república predilecta: Bolivia, la que tomó su nombre. En ese discurso de mayo, 1826, Bolívar dijo: Saber y honradez, no dinero, requiere el ejercicio del poder Público. Sean sabios, lo más posible, y sean honrados, especialmente honrados, los funcionarios, y la república marchará bien aquí y donde quiera nos enseña, una vez, más, el Libertador.
Que en cuanto a lo demás, a lo otro, 2 que haya riqueza, 2 que el oro corra por las venas de las vida social, ya se encargarán los hombres de ello, en virtud de ser hombres. En virtud, esto es, de tener como principal móvil de sus acciones el interés propio.
"De ordinario explicó a renglón seguido-, el Ejecutivo no es más que el depositario de la cosa pública; pero los tribunales son los árbitros de las cosas propias, de las cosas de los individuos. El Poder Judicial contiene la medida del bien o del mal de los ciudadanos, y si hay libertad, si hay justicia en la república, son distribuidas por ese Poder. Poco importa, a veces, la organización política, con tal que la civil sea perfecta; que las leyes se cumplan religiosamente y se tengan inexorables como el destino".
Y antes, en el referido discurso de Angostura, cuando aún temblaba su brazo levantando la espada de la liberación, comprometida todavía, Bolívar compactó en un solo concepto el amor por la patria, por las leyes y por los magistrados. Esos amores dijo- "son las nobles pasiones que deben absorber exclusivamente al alma de un republicano". Y señalando la situación imperante en su patria entonces antes de lograda su independencia-, manifestó que "los venezolanos aman la patria, pero no aman sus leyes, porque éstas han sido nocivas y eran la fuente del mal; tampoco han podido amar a sus magistrados, porque eran inicuos". Y con la rotundez expresiva que caracteriza su estilo, resumió esta otra lección:
"Sino hay un respeto sagrado a la patria, por las leyes, y por las autoridades, la sociedad es una confusión, un abismo; es un conflicto singular de hombre a hombre, de cuerpo a cuerpo". (¿Escribía, interrogamos para nosotros, al final de este siglo, que vivimos ese conflicto?)
BOLIVAR. EL MAXIMO AMERICANO
Un tercer nicaragüense, menos grande pero no exento de proyección latinoamericana, Ernesto Mejía Sánchez (1923-1995), ha representado nuestro culto bolivariano en una página antológica, modelo de síntesis biográfica del Libertador: "Su vida y su obra escribió en 1971- han despertado el interés, la admiración y hasta el vituperio de miles de europeos y americanos, militares, historiadores, poetas, políticos, biógrafos, pintores y escultores. Imposible abarcar en una página al máximo americano que "iguala con la vida el pensamiento". Su prosa política, militar y epistolar, desde su primer juventud hasta su muerte, temprana y la trágica, muestran la garra del genio, en proclamas, manifiestos, constituciones, discursos y proyectos de cartas que van de lo visionario a la intimidad más profunda.
Nadie como él en América, en corto tiempo recorrió Europa en afán de aprendizaje y conocimiento, y su continente suramericano con amor de libertad, triunfo y sacrificio. Discípulo del peregrino ingenio de Simón Rodríguez y del humanista Bello, que lo acompaña a Londres en 1810 para promover la simpatía de Inglaterra hacia el movimiento de Emancipación, lee y asimila en todos los momentos de su brillante y azarosa actividad militar, política y amorosa, la cultura de toda Europa, unida a su experiencia de hombre americano.
Heredero del Precursor Francisco de Miranda, realizador de un vasto ideal de la independencia, libera a su patria del poder español y funda la Gran Colombia. Cruza el Ecuador para proteger el Perú; funda y dicta constitución a Bolivia. Las batallas de Boyacá, Junín y Ayacucho, etc., no son mayores en pensamiento y visión que el Manifiesto de Cartagena (1812), la Carta a William White (1820), el Proyecto del Congreso Americano de Panamá (1822) o el Mensaje al Congreso Constituyente de Bolivia (1826).
Quien pretendió liberar a la propia España de sus gobiernos despóticos nacionales y extranjeros, quien liberó a todo un Continente de una dominación multisecular, también era un escritor extraordinario, porque la acción o el proyecto militar, por grandioso o modesto que sea, necesita del pensamiento bien y claramente expresado. De ahí la fuerza prosística de bolívar, que no necesita ejemplificarse en las páginas intencionalmente líricas de "Mi delirio sobre el Chimborazo" (1823) ni en las cartas arrebatas a Manuela Sáenz; sino en la Carta de Jamaica, plena de profecía y de conocimiento de América, escrita en exilio, pobre y derrotado, pero con el ánimo en pie, pronto a la lucha, como quien es dueño de su responsabilidad y de su destino".
¿UN BOLIVAR DOMESTICO, CASERO?
Ser dueño, cada quien, de su responsabilidad y de su destino: he aquí una lección más del Libertador, a quien nos hemos empeñado en relacionarlo con uno de nuestros héroes nacionales, Augusto C. Sandino, fallido e ingenuo político, pero héroe de fibra bolivariana que elevó la guerra de guerrillas moderna a categoría de estrategia política. Sin embargo, un cuarto nicaragüense cuya vena también bolivariana deseo consignar en este acto- nos recuerda:
"Sandino el que habla es Luis Alberto Cabrales (1901-1904) puede parangonarse a José Dolores Estrada o 2 Diriangén. Los que suelen compararlo a Bolívar no saben ni lo que hacen. Ni Washington se le acerca. Bolívar y Washington es un paralelo imposible. Washington, Hamilton, Jefferson y Franklin unidos, hechos un milagro un solo hombre, tampoco llegan al supremo nivel del gran venezolano, que de tan grande ya es de todos nosotros, incluso de los españoles. Los nicaragüenses, paisanos del "soñador imperial", del poeta de la Hispanidad, no tenemos derecho de inventar para nuestra nacionalidad un Bolívar doméstico, casero. No tenemos derecho a ser miopes. Tenemos obligación de ver con claros ojos minervinos".
Y es con esos claros ojos minervinos que solemos mirar y admirar los intelectuales nicaragüenses que hemos incursionado en el estudio y el encomio del Libertador. Por mi parte, en 1983 con motivo de su bicentenario natal- publiqué la selección de textos literarios y musicales: Bolívar y los nicaragüenses, que tuvo una segunda edición lanzada ese mismo año por la Presidencia de la República de Venezuela. Y en noviembre de 1996, iniciándome como Presidente de la Sociedad bolivariana de Nicaragua, recordé que el principal gestor de la revolución emancipadora de Latinoamérica en todo fue colosal y uno de los pocos seres que han sido dirigentes de la acción, en el lugar de la acción y al frente de la acción. Un coloso que en menos de 40 años recorrió en barco, a caballo y a pie, una distancia equivalente a dos veces y cuarto la vuelta a la tierra, superando en miles de kilómetros a Alejandro Magno, Julio César, Anibal y Napoleón juntos.
También evoqué la literatura de ideas y el verso cívico de Darío sobre Bolívar, convocados por la pluma de Julio Ycaza Tigerino otro bolivariano y bolivarista nuestro- en su "Coloquio de Santa Marta":
Desde su Momotombo azul habló el poeta:
No te inquietes, bolívar,
No se enturbie tu espíritu,
No te afecten la traición y el desvío.
La altas quillas de las caravelas
Fueron arados en el mar
Que trazaron las rutas
De un mundo nuevo y de una nueva humanidad.
Y tu espada, Bolívar,
Hizo saltar la gleba de la historia
Para que terminara simiente la libertad.
Y tu palabra hirió la pared de lo obscuro
Y abrió profundo surco en la conciencia del pueblo americano.
Roger Matus
Lazo
(Tabúes, eufemismos y disfemismos)
En todas las culturas existen conceptos, hechos y objetos de la realidad que son considerados tabúes y por lo tanto prohibidos en cualquier circunstancia o en una situación específica por una sociedad determinada. Por ejemplo, la blasfemia y el sacrilegio son rechazados por todas las culturas; incluso, las ofensas públicas son censuradas por la sociedad, sobre todo si se producen en ambientes de cierta formalidad. Un simple grito, casi inadvertido en un parque y hasta común en un campo deportivo, resulta totalmente inaceptable en un templo o en un acto cultural. A veces, un chiste -inofensivo en una conversación informal entre hombres- puede no corresponder a la estimación o el decoro en un grupo que incluye personas de ambos sexos.
En todo idioma, pues, existen ciertas palabras cuyo empleo se haya restringido o impedido porque la sociedad considera prohibido, por razones varias, "nombrar" la cosa directamente. Al miembro viril de los niños, por ejemplo, no se le dice pene sino que se recurre a otro vocablo, como palomita. La palabra "prohibida" se denomina tabú (tabú lingüístico) y eufemismo el término que la sustituye.
Como se sabe, tabú es un vocablo de la Polinesia, en donde tiene una connotación religiosa. Se define como la prohibición impuesta a sus adeptos por algunas religiones, de "comer o tocar algún objeto". En sentido general, significa "prohibición". Las áreas prohibidas o tabuizadas son, generalmente, el sexo, las excreciones corporales, las deformaciones físicas, las carencias mentales, las debilidades morales, la edad avanzada, las enfermedades incurables, la muerte, etc.
Tabú es una palabra polinesia que significa "lo prohibido". El Diccionario académico (1992: 1368-1369) registra dos acepciones: "Prohibición de comer o tocar algún objeto, impuesta a sus adeptos por algunas religiones de la Polinesia"; y por extensión, "la condición de las personas, instituciones y cosas a las que no es lícito censurar o mencionar".
Stephen Ullman, en su Semántica (1967: 230-231), explica que la palabra tabú fue introducida por el capitán Coock en el inglés, de donde pasó a otras lenguas europeas con su sentido general que quiere decir que "una cosa está prohibida".
La prohibición responde al conjunto de convenciones sociales (superstición, pudor, intencionalidad política, educación, etc.) que existe en toda comunidad. Las áreas prohibidas o tabuizadas son, generalmente, el sexo, las excreciones corporales, las deformaciones físicas, las carencias mentales, las debilidades morales, la edad avanzada, las enfermedades incurables, la muerte, etc.
De acuerdo con Ullman (op. cit.: 231-235), los tabúes del lenguaje se clasifican en tres grupos que veremos por separado.
Tabú del miedo, que responde al pavor reverencial en que son mantenidos los seres sobrenaturales. La palabra Diablo, por ejemplo, no se menciona en muchos países y grupos sociales, por lo que se le sustituye por el Cornudo, el Cachudo, el Maligno, etc.
Tabú de la decencia, que comprende tres esferas: el sexo, ciertas partes y funciones del cuerpo, y los juramentos. Moliere, por ejemplo, para referirse al amor ilícito de un joven y una dama empleó el término amante, que en ese tiempo significaba "alguien enamorado de una mujer". Hoy recurrimos a un eufemismo ("amiga", por ejemplo), porque la palabra ha adquirido precisamente el significado que evitó el comediógrafo francés.
Tabú de la delicadeza, que consiste en eludir -como tendencia humana general- la referencia directa a los asuntos desagradables. En este grupo se incluyen los nombres de los defectos físicos y mentales, las acciones criminales, etc. El verbo robar, por ejemplo, ha dado lugar a numerosos eufemismos; así, en determinadas circunstancias no le decimos ladrón a quien roba sino "amigo de lo ajeno".
Algunos términos se cargan, con el tiempo, de un matiz de rechazo o censura, por lo que se hace necesario recurrir al eufemismo o a la sustitución. La palabra francesa para designar "beso", baiser -explica Ullmann (op. cit.: 235)- ha caído víctima de una interdicción o prohibición tabú, porque se matizó de connotaciones obscenas, por lo que hubo necesidad de remplazarla por embrasser, "abrazar". Es lo que ha ocurrido con la voz papaya, que en Nicaragua alude en el lenguaje coloquial al órgano sexual femenino, pero que no se siente tan grosera, como en algunas provincias de Cuba, en donde se ha sustituido por "fruta bomba".
Ullmann (op. cit.: 170), nos recuerda que en el lenguaje de la germanía se utilizan muchos eufemismos para disfrazar términos malsonantes. En el argot francés, nos dice, polir se usa en la acepción de "robar" y dio lugar a otros verbos como "limpiar" y "bruñir". Los pandilleros en Nicaragua denominan el licor, entre otros sinónimos, con los vocablos remedio, leche, refrigerio, vitamina, agua bendita, y a la droga en general: medicamento, arcoiris, el paraíso, la vida eterna.
Humberto López Morales, en su interesante ensayo "América en sus palabras" (2000: 16) nos dice que muchas veces los eufemismos resultan palabras enteramente desconocidas con el significado especial que se les ha asignado:
Podemos estar oyendo hablar de araña, bacalao, bagre, cabra, chiva, chucha, gallina, ganado, ganso, gaviota, guajolota (pava), jíbara, lagartija, leona, loba, oveja, polilla, sapo, vaca, por ejemplo, y no enterarnos de que son designaciones eufemísticas de prostituta.
Nuestros adolescentes recurren a una serie de eufemismos para suavizar términos que se sienten como groseros; por ejemplo, al individuo bruto, torpe, ignorante ("caballo"), le dicen caballero; al trasero, cubanito; al ladrón, risueño; al sordo, sorbete; a la venta o expendio, altar; al naipe, biblia; al acto de drogarse por primera vez, bautizarse; al órgano sexual femenino, pomada; a la prostituta, calzón eléctrico; a la acción de copular, medir el aceite; al homosexual, canoa mojada etc. Y como los términos roco (padre), boludo (haragán), resbalosa (mujer de fácil conquista), etc., se han ido matizando de una connotación peyorativa, han recurrido al eufemismo respectivo: romelio, bolerama, bocado, etc.
El adolescente recurre, también, a un procedimiento contrario al eufemismo: el disfemismo. El Diccionario académico (1992: 537) define este término como el "modo de decir que consiste en nombrar una realidad con una expresión peyorativa o con intención de rebajarla de categoría". Zamora Munné y Guitart, en su Dialectología hispanoamericana (1988: 161), afirman que los disfemismos "son palabras o locuciones intencionalmente peyorativas, despectivas o insultantes".
En el habla coloquial nicaragüense se emplea encoñado para referirse a la persona que se desvive por el amor de otra. Se trata de una voz malsonante, derivada de coño, de origen latino (cunnus) que significa "parte externa del aparato genital de la hembra". Sin embargo, como en nuestro país los hablantes no tienen conciencia de su significado de origen, no es palabra tabú, sino mero disfemismo, como en Chile y Ecuador, en donde significa "tacaño", "miserable".
Una palabra considerada tabú en un país o región, no lo es en otra parte. Incluso, el significado de los términos varía no sólo a través del tiempo, sino de país a país, dentro de una misma región y hasta en los mismos grupos de distinta categoría (social, profesional, etc.). Ullmann nos refiere que Moliere en su obra publicada en 1666, El misántropo, (acto II, escena 1), uno de los personajes le dice a su amada: Tienes demasiado amantes a los que se ve asediarte. Esta expresión podría resultar insultante, si consideramos que el vocablo amante se aplica en la actualidad al querido, es decir, a la persona que mantiene relaciones ilícitas con otra de sexo opuesto. Pero se trata de una obra de la segunda mitad del siglo XVII y el término tenía un sentido muy diferente, "enamorado de una mujer"; de modo que la expresión más bien podría entenderse como un piropo, un requiebro, dicha incluso con recelo: Tienes demasiado admiradores...
Los ejemplos abundan. Un término como huevo, en Nicaragua no se siente bayunco, pero en México ha pasado a ser sinónimo de "testículo"; esto explica el origen del eufemismo blanquillos. Otro ejemplo: Carajo en España significa "pene, miembro viril" y es una voz malsonante. Se emplea comúnmente en fraseologismos en el lenguaje familiar: irse al carajo (echarse algo a perder, tener mal fin); mandar a alguien al carajo (rechazarlo con insolencia y desdén); no valer un carajo (no valer o servir de nada o para nada). Se trata de una palabra de connotación sexual y por lo tanto de un tabuismo. Pero en Hispanoamérica se desconoce este significado, de manera que no pasa de ser un disfemismo, es decir, una voz peyorativa o insultante: ¡Vas a ver, carajito!, dicen los padres al hijo en forma de regaño. A veces se emplea como interjección: ¡Carajo!
Chingado es una voz malsonante, grosera, empleada en Nicaragua para ofender. Deriva de chingar, un mexicanismo que significa "practicar el coito, fornicar". En algunos países de América del Sur (Argentina, Colombia, Chile y Perú), tiene sentido de "no acertar, fracasar, frustrarse, fallar".
En verdad, las expresiones tabuizadas o disfemísticas en un lugar -como afirman Zamora Munné y Guitart (op. cit. : 162-163) pueden en otros carecer de matiz negativo. Concha, en el Cono Sur, alude a la parte externa del aparato genital femenino; en cambio, en Nicaragua empleamos la frase interjectiva ¡Qué concha! o el derivado conchudo para referirnos al descarado o sinvergüenza.
A veces, los tabuismos mantienen el matiz negativo pero aplicado en sentido inverso. Por ejemplo puto es en México y Argentina "marica", mientras que en Perú, Cuba y Nicaragua es "mujeriego". Bicho, en Puerto Rico, es pene; sin embargo en Nicaragua se refiere a las partes pudendas de la mujer.
Nuestros adolescentes emplean, en vez del verbo aplazar o reprobar un examen académico, el término coger. Se trata de un disfemismo, porque se está nombrando una realidad con un término peyorativo, por su alusión de contenido sexual. Asimismo, utiliza otros vocablos cargados de intención despreciativa; así, la boca la denomina cloaca; el buen estudiante es un alumno robot; el individuo de buen humor es nefasto; una persona cualquiera es un animal o un fósil, y la novia es un culo viejo.
Zamora Munné y M. Guitart (op. cit.: 164) afirman que en Cuba las formas de tratamiento tradicionales, señor, señora, señorita, han desaparecido con el régimen actual al tildárselas de "burguesas", y han sido sustituidas por compañero, compañera y compañerita. En cambio, para los que solicitan permiso para emigrar, por estar en desacuerdo con el gobierno, se reservan las formas ciudadano, ciudadana, que adquieren en consecuencia connotaciones negativas.
Madre, palabra hermosa y nobilísima, se ha usado en muchas ocasiones con sentido bayunco y obsceno, no sólo en Nicaragua sino en muchos países hispanomericanos. Angel Rosenblat, en sus Estudios sobre el habla de Venezuela (1987: 8), nos dice que en los cursos de bachillerato es un problema mencionar el nombre de la isla Sumatra, porque el estudiante replica inmediatamente: ¡La sutra!
Los términos papá y mamá, de uso frecuente en Nicaragua, se usan en español desde el siglo XVIII -nos documenta Rosenblat- con los Borbones, quienes los llevaron de Francia a España. Antes, agrega, empleaban pápa y máma, común en nuestros campos y en las zonas urbanomarginales. También papi y mami, bastante generalizado en las ciudades, por influencia del cine norteamericano y argentino.
Pero las ofensas más groseras utilizan el vocablo madre. ¿Cómo ha ocurrido esto? Rosenblat escribe al respecto:
El hombre usa una expresión con toda llaneza a través de las generaciones. De pronto una interferencia, una posibilidad de sonrisa suspicaz, de interpretación maliciosa, de juego mal intencionado, pone la palabra en entredicho. (1987: 9)
En nuestro país, mentar la madre es una de las expresiones más bajas e injuriosas que conocemos. Por eso el oyente -siempre alerta, especialmente con la entonación y el gesto- se esmera en percibir en su interlocutor toda la intención y suspicacia con que pueda teñir la expresión.
En España tiene todo el decoro preguntar a alguien casado por su mujer. Es tradición de siglos, registrada ya en el primer monumento de la literatura castellana que se conserva, el Poema del Cid, escrito en 1140 y copiado por Per Abatt en 1307. "Su mujer" dice el juglar anónimo, al referirse a Ximena, esposa del Cid:
Contento está Mío Cid. Dijo:"¡Qué buen día es hoy!"
Pero a su mujer del miedo le estalla el corazón.
Y "mi mujer" dice también el Campeador:
Mi mujer, doña Ximena, sea lo que quiera Dios.
Pero en Hispanoamérica "su mujer" es poco respetuoso. Angel Rosenblat cita el comentario de Alberdi, un estadista argentino del siglo pasado:
No ponga usted mujer, porque las señoras se van a enojar. Mujeres son las de la calle... Mujer es una cosa y señora es otra cosa. La señora no es mujer, como el caballero no es hombre. La señora es más que mujer, como el caballero más que hombre. ( 1987: 92)
Otros, como Unamuno, Martí y Ortega y Gasset opinan lo contrario, al analizar los términos desde una perspectiva de "valores humanos esenciales". Sin embargo, se trata del uso de la colectividad, de tratamientos sociales, matizado siempre de un complejo de asociaciones y valoraciones afectivas. El mismo vocablo "doña" que emplea el Cid con mucho respeto, ha ido adquiriendo en Nicaragua un matiz despectivo en la expresión: la doña.
Mi mujer, mi señora, mi esposa tienen, en el español peninsular, la misma significación. En Nicaragua, mi mujer es sinónima de amante, querida. En cambio, mi señora, mi esposa, mi señora esposa se corresponden con un tratamiento de estimación y respeto merecidos. Darío, en las "Palabras liminares" de Prosas profanas (1896), establece la diferencia:
Mi esposa es de mi tierra, mi querida de París.
En el área rural, sobre todo en los hogares donde la pareja vive en concubinato, se oye decir en el hombre: mi mujercita, mi compañera; y en la mujer: mi hombre, mi compañero.
Y en el lenguaje coloquial son curiosas las fórmulas generalmente metaforizadas. Rosenblat nos dice que Unamuno, con mucha ternura, llamaba a su buena y comprensiva esposa: "Mi santa costumbre". En Nicaragua abundan expresiones familiares, algunas de ellas matizadas de sarcasmo: mi costilla, mi media naranja, mi adorado tormento, mi cruz, mi calvario, mi grillete, mi desgracia, mi peor es nada, la autoridad, la mandamás; y esta expresión usada por los pandilleros: la bola de hierro.
El venezolano Julio Calcaño (1840 - 1918), en su ensayo El castellano en Venezuela (1897), proponía una fórmula que él consideraba de mucha cortesía: Mi señora, la esposa de usted. Hoy, a más de un siglo de aquella propuesta, ¿cómo se sentiría la expresión: mi esposa, la mujer de usted?
Bibliografía
López Morales, Humberto (2000): "América en sus palabras", en Lengua: Boletín de la Academia Nicaragüense de la Lengua (Managua), 2ª. Época, Núm. 22, mayo, pp. 14-39.
Ullmann, S. (1967): Semántica. Introducción a la ciencia del significado. Madrid, Editorial Aguilar.
Real Academia Española (1992): Diccionario de la lengua española. Madrid, Espasa-Calpe, S. A.
Rosenblat, Angel (1987): Estudios sobre el habla de Venezuela. Buenas y malas palabras. Caracas, Venezuela, Monte Avila Editores, C. A., Tomo I.
Zamora M., Juan C. Y Guitart, Jorge M. (1982): Dialectología hispanoamericana. Teoría, descripción, historia. 2ª. ed., Salamanca, España, Publicaciones del Colegio de España.